El blog de Javier Rubio

Revelaciones creativas en La Granja de Segovia

Las imperfecciones del vidrio y sus posibilidades

Una visita a La Granja de Segovia y una revelación teológica.

Hace unos días, al hacer con mi familia la visita guiada al museo del vidrio de La Granja, volví a descubrir la paradoja de la imperfección en la excelencia artística.

Me explico. Considero la creación artística una de las metáforas más claras de la creación divina (junto con la paternidad o maternidad, pero eso es otro tema). Es fácil descubrir en el proceso creativo del artista los elementos principales de la creación artística por excelencia, que es la que Dios lleva a cabo en sus tres grandes intervenciones en la historia humana: la creación, la redención y la santificación. Sin embargo, el paralelismo se ve de forma mucho más clara en la creación.

Uno de esos elementos lo mantenía yo catalogado en los ficheros teológicos de mi mente sin ofrecerle una especial consideración, hasta que lo redescubrí entre los cristales de La Granja. Ese elemento es el de la paradoja de la imperfección necesaria para lograr la perfección.

La historia es, más o menos, como sigue:

Antes de que la producción industrial de vidrio llegara a España en el siglo XX, la producción de este material se llevaba acabo en los hornos de fábricas según el tradicional método del soplado. Una técnica que se remonta al menos al cuarto milenio antes de Cristo. Los fenicios descubrieron el vidrio transparente y, mucho después, los artesanos musulmanes de Alepo y Damasco perfeccionaron la técnica y la desarrollaron en la fabricación de lámparas y vasijas.

Llegamos así al gremio medieval de vidrieros, que elevaron el arte a un rango sagrado en la creación de las inmensas cristaleras y vidrieras del gótico.

En el renacimiento estos gremios, sometidos al poder de las coronas, se juntaron en fábricas. Primero en la isla de Murano, en Venecia. Después en Nevers (Francia), en Bohemia (actualmente Chequia) y, a finales del siglo XVIII en La Granja.

En el siglo XX fue el Art Nouveau el principal promotor del uso del vidrio tradicional como material artístico. Sin embargo, con la llegada de los métodos industriales el desarrollo del cristal siguió nuevos derroteros más cercanos a las artes arquitectónicas y a la creación de nuevos espacios más luminosos. En cierto modo se abría un nuevo mar de posibilidades (aún exploradas) en detrimento del costoso, lento y delicadísimo método tradicional.

La revelación del método de aplanar el vidrio: aparecen las marcas de arena.

Sin embargo este método de soplado conlleva en su proceso de creación un elemento de imperfección fuera del alcance de la producción industrial.

Me refiero a las marcas de arena en el proceso de aplanar el vidrio soplado. El resultado del vidrio soplado es un cilindro difícilmente más alto que una persona. Este cilindro aparecía después soplar por una caña en la masa del vidrio ya preparada y en jugar con la gravedad para que la misma fuerza del peso estirara la masa. Soplar, moldear. Soplar, girar. Así, hasta lograr el tamaño deseado.

El segundo paso era cortar el cilindro resultante y en dejarlo aplanar -por su mismo peso- en un horno sobre una cama de arena. De esta forma el cristal lograba quedar plano. Este proceso quedaba limitado por dos grandes imperfecciones: el tamaño (difícilmente se podía lograr un cilindro más alto que una persona), y el granulado que el vidrio adquiría al pegarse con algunos granes de la cama de arena en el horno mientras se aplanaba.

La revelación de La Granja: la imperfección también es divina.

Sin embargo el uso magistral de esas dos imperfecciones por los maestros vidrieros son las que nos han concedido poder disfrutar hoy de vidrieras tan perfectas. En efecto, los maestros hacían uso del tamaño y del granulado para jugar con las posibilidades, y lograr efectos, sombreados, combinaciones de luces y colores en un proceso creativo lento, pero con resultados incomparables.

Y ahí surge la paradoja: la imperfección misma del material, la dificultad del arte, el larguísimo periplo histórico de secretos de taller transmitidos de maestros a discípulos… todos esos “límites” de la eficacia entendida desde el punto de vista de la productividad, son las que dan a luz la genialidad artística. Paciencia, técnica depurada, aceptación e integración de las imperfecciones en la obra. Esas vidrieras nos dicen tanto del arte frente a la industria, de la artesanía frente a la máquina, de la chispa divina frente a lo meramente humano. Dice tanto de cómo y por qué Dios ha creado lo que ha creado y cómo lo ha creado.

Una visita a La Granja hace sentir algo de añoranza por aquellos tiempos en los que tenía sentido empezar a construir la mejor catedral del mundo… que iban a ver terminada tus tataranietos.

Vidiera medieval catedral de Troyes
Vidiera medieval catedral de Troyes.

Leave A Reply

Your email address will not be published.