El blog de Javier Rubio

Calles unidireccionales, niños golpistas y gatos de Cheshire

Un milagro un mes antes de Navidad

El mes de diciembre se despierta en Madrid con calles peatonales unidireccionales. Nada puede salir mal.

No todos los meses de diciembre empiezan de una forma tan especial. Ni siquiera el inminente saborcillo navideño tiene el poder transfigurador de un concejal de urbanismo inspirado. Y es que el dos de diciembre nos despertamos con la noticia fabulosa de una prohibición insólita. Las calles peatonales de Preciados y del Carmen en Madrid se han convertido en unidireccionales. Por el artificio mágico de una imaginación superior.

En esta imagen podemos apreciar a varios rebeldes atentando públicamente contra las órdenes de la alcaldía.

¡Ojo! Que nadie blasfeme. No podemos siquiera pretender empezar a atisbar los mecanismos asombrosos que motivan la mente creativa que remodela Madrid. Descalcémonos ante la presencia numinosa del genio que un buen 1 de diciembre transforma un par de calles céntricas y prosaicas en el mismísimo laberinto de la reina de corazones de Alicia en el País de las Maravillas.

Acaso haya método detrás del sombrerero loco. Ciertamente hay una gran filosofía tras las palabras del gato Cheshire:

…El Gato se limitó a sonreír al ver a Alicia. Parece bueno, pensó Alicia; sin embargo, tiene uñas muy largas, y muchísimos dientes, así que comprendió que debía tratarlo con respeto.

–Gatito, gatito, dijo, un poco tímidamente, ya que no sabía si le gustaba que le llamasen así; pero al Gato se le ensanchó la sonrisa. Ante esto, Alicia pensó: “Vaya, de momento parece complacido”, y prosiguió:

–¿Te importaría decirme, por favor, qué camino debo tomar desde aquí?

–Eso depende en gran medida de adónde quieres ir, -dijo el Gato.

–¡No me importa mucho adónde…! –dijo Alicia.

–Entonces, da igual la dirección –dijo el Gato. Añadiendo: ¡Cualquiera que tomes está bien…!

–¡Gracias añadió Alicia a modo de explicación.

-¡Ah!, dijo el gato: –ten la seguridad de que llegarás, sobre todo si caminas bastante, añadiendo: ¡…Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces.!–

El genio que ocupa el trono de hierro del urbanismo de Madrid ha resuelto el problema de una forma mucho más eficaz que el gato del cuento. Por supuesto, hablo de “genio” en sentido abstracto. Me niego a aceptar que esto haya podido ser concebido por un solo mortal. Ideas de este calibre sólo pueden surgir de una comunión superior. Casi me atrevería a decir que suprema. Démonos cuenta del alcance, por favor. No sólo se impide a los indecisos que hurgan por los caminos de la vida sin conocer su fin, sino que combate la temeridad acéfala, anárquica de quien simplemente decide qué dirección tomar en según qué calles.

Damas y caballeros, nos hemos despertado en un maravilloso 2 de diciembre con una opción moral menos. Ya no tendremos que sufrir la indecisión agobiante de si subir o bajar desde Callao a Sol, o al revés. Una nueva claridad emerge en el horizonte de nuestras vidas.

El milagro del niño que caminaba de espaldas.

Cuentan que, ante la prohibición de la policía municipal -apostada con paciencia de mártir para hacer cumplir el infame bando a rajatabla, en vez de… no sé… luchar contra el crimen, proteger a la ciudadanía o jugar a las cartas en la comisaría-, un niño en un ejercicio supremo de creatividad golpista se puso a caminar en dirección contraria, pero de espaldas. Propongo que, sin más dilación, se erija una estatua en el centro de Sol en honor al chaval. Si tuviéramos que escoger una nueva línea dinástica, quisiera que mis nietos fueran súbditos del caminante despaldero.

Dicho lo cual, me frustra la falta de imaginación en el ejercicio tiránico y despótico de la alcaldía de Madrid respecto a las calles de la Villa. Si yo fuera alcalde ordenaría que sólo se pudiera avanzar por Alcalá haciendo el pino; por la Castellana con paraguas amarillos con lunares morados; por Ríos Rosas disfrazados de bailaores flamencos y así sucesivamente… Las calles circundantes de la Plaza Mayor llevarían los nombres de la Comunidad del Anillo y, una vez agotados estos, los de personajes de Star Wars.

Hacía mucho tiempo que una incomodidad absurda me divertía tanto.

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