El blog de Javier Rubio

Los misterios de la traducción

En el que aprendo a respetar el misterio de la comunicación humana

En medio de una traducción…

Este artículo será breve porque tengo ahora bastante trabajo. De hecho estoy en medio de una vorágine de traducciones de textos de metafísica. Del francés, del italiano, del inglés, del latín y del griego clásico al español. No es una tarea fácil para nadie: exige mucha concentración y es, aparentemente, poco creativa.

Aparentemente. Porque llega un momento en el que el texto original reclama algo extra. Es como el conejo de Alicia en el país de las Maravillas: surge en medio de una rutina y se escapa, queda velado. En ese momento tienes dos opciones: o dejarlo pasar como una anécdota simpática o perseguirlo. Y empieza la aventura.

Lo mismo sucede con las traducciones. Traducir tiene siempre algo de problema, de acertijo. Quizá sea eso lo que motive más al principio. Si la traducción no es literaria -como en el caso de una novela- se cae antes en una cierta rutina. Los escritores tienden a usar construcciones lingüísticas parecidas, se mueven en un campo semántico que les resulta seguro. El acertijo se transforma, más pronto que tarde, en una monótona línea de ensamblaje. Más aún si las traducciones son temáticamente muy específicas.

¡Saltó el conejo!

Pero de pronto salta un conejo. Y descubres que detrás de esas palabras hay mucho más: un océano vital inabarcable. Porque te encuentras con una palabra análoga, por ejemplo, y tienes que acertar con el significado exacto que pretendía el autor. O lo más exacto posible, porque ya se sabe… “traduttore, tradittore“: las lenguas son distintas, evocan lugares e idiosincrasias muy diferentes.

En ese momento te lanzas a perseguir al conejo. Y descubres que debes indagar más sobre el pensamiento del autor: sus filósofos de referencia, sus novelas preferidas o las obras que tenía sobre su escritorio. Luego, su vida: desde su situación familiar hasta sus ideas políticas. Por fin, la época histórica: la situación del país y de la sociedad en la época del autor, las guerras, las colonizaciones… todo. Todo es parte de ese juego oceánico que se extiende tras la puerta superficial de una traducción automatizada.

El misterio de la comunicación humana

Esto me lleva a pensar en el enorme misterio de la comunicación humana. Cuántas veces condeno o salvo por dos palabras escritas en un tweet y no me paro dos segundos a preguntarme sobre la persona que está detrás. Si sufre, si está alegre, si tiene esperanza o si la ha perdido. Cuántas veces nos encarcelamos en la literalidad para escapar de la simpatía y, en el fondo de las exigencias de la caridad.

Y pensar que la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros… Y pensar que Dios es amor….

Algo que debo seguir reflexionando.

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