El blog de Javier Rubio

El triunfo de la creatividad salvadora.

Cómo Joan Roca salvó a MasterChef.

Foto de rtve (http://www.rtve.es/rtve/20170519/competicion-se-pone-rojo-vivo-masterchef-noche-del-robo-alimentos-batalla-patata/1550466.shtml)
El triunfo de la creatividad salvadora.

El domingo pasado el célebre programa de televisión “MasterChef” volvió a dar la nota. Pero no por los motivos adecuados. El uso y el abuso de elementos más propios de un reality han convertido un buen programa de cocina (lo era hace un par de años) en la versión cocinera de Gran Hermano. Pero hubo también un rayo de luz: la creatividad.

En efecto, algo salvó el programa de la más ridícula debacle televisiva. Y fue el genio creativo de un hombre sencillo. Un genio sencillo, el maestro Joan Roca. Que volvió a demostrar -con hechos, no con palabras- que la libertad más elevada es la creativa. Y que la creatividad no requiere una gran riqueza material y de elementos. Basta con lo indispensable. Algo que deberían recordar los productores del programa.

Por supuesto, demostró otras muchas cosas igualmente importantes. Por ejemplo, que la técnica no es la obra de arte, pero es su condición indispensable. Demostró también que la grandeza, cuando es humilde, es el triple de grande. Y que cuando estamos haciendo lo que amamos, cuando estamos transfigurando la realidad frente a nosotros, precisamos de silencio, de concentración, de cariño… dedicación.

Volvamos a lo que sucedió en la primera parte del programa.

Los concursantes aparecían por parejas. Debían cocinar un plato con seis ingredientes, pero tenían doce ingredientes enfrente. Merluza, pollo, arroz, pasta, pipas de calabaza, naranja, alcachofas, patatas, etc. Entre los miembros de la pareja se quitaban seis ingredientes. Mutuamente. Podían quitarse los ingredientes que quisieran. Y hubo de todo, en un espectáculo que parece cada vez menos real y más actuado. Mal actuado.

Después del gran melodrama del “robo de elementos” y con cada cocinero delante ya de sus seis ingredientes, aparece el invitado especial. Joan Roca.

Se acercó el cocinero con tres estrellas Michelín delante de una de las cocinas, como si fuera uno más de los concursantes. Pepe Rodríguez hizo en este caso de “ladrón de ingredientes”. Le quitó todo lo importante, lo gordo. Cuando llegaron a seis ingredientes, Joan Roca le invitó a que le quitara otros tres. Pepe dudó, agotada su malicia traviesa. Al fin, le deja con tres ingredientes: una alcachofa, una naranja y tres pipas de calabaza.

Y el vencedor en la prueba fue…

En la hora que había para resolver la prueba los concursantes sufrían a lo largo de los procesos. Sufrían para superar el enorme reto de hacer un plato con seis ingredientes inesperados y, en algún caso, desconcertantes. Sudaron sangre, sudor y lágrimas combatiendo contra su propia incompetencia, sus dudas… Intentaban buscar el patrón más adecuado en el que apoyarse para sortear la prueba de manera si no satisfactoria, al menos suficiente. Las chapucerías que se ven semana tras semana, carne de cañón de tres jueces cada vez más sensacionalistas.

Mientras tanto Joan Roca hacía magia. Deconstruyó la alcachofa para reconstruir la flor que lleva dentro, escondida. Hizo una reducción con la naranja, además de usarla para atar los pétalos de la alcachofa. Por fin, un puré con las semillas de calabaza. Y ya está. Con sencillez y con belleza.

Eso sí, durante todo el momento estaba completamente concentrado, dando su cien por cien. Como un Leonardo con sus pinceles y su lienzo, como un Miguel Ángel esculpiendo. Joan Roca estaba creando arte, dialogando con sus posibilidades. Aprovechando la pobreza de los medios para alcanzar una meta superior. No bastaba con hacer un buen plato. Tenía que hacer algo genial y tenía que disfrutar haciéndolo. Ahí no había guión, no había actuación.

Lo que había era un gran cocinero. Tímido y sencillo. Un genio humilde y con años de esfuerzo y de técnica a sus espaldas.

Joan Roca salvó el programa.

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