El blog de Javier Rubio

La lógica jubilada en el país de las hadas

O como ningún postmoderno romperá el yugo de la lógica

Cuando se habla hoy en día de la lógica viene a mi mente un viejo jubilado. O el librero de La Historia Interminable, de Michael Ende. Un anciano austero, riguroso, algo cascarrabias, escéptico de cualquier novedad. Escéptico de los escépticos.

La lógica jubilada desconfía de sus hijos. Lee a Gadamer, a Frege y a Millán-Puelles con aparente recelo y orgullo secreto. Y es completamente incapaz de disimular su asco con las charlas de TED. Mientras juega a las cartas con sus viejos amigos, la historia, la metafísica y la enfermísima literertura, no para de quejarse. Se queja de los discursos políticos, de los eslóganes feministas, de las malas homilías preparadas a toda prisa y sin cuidado y de los periodistas. De todos. No se salva ni uno.

Se queja de los discursos políticos, de los eslóganes feministas, de las malas homilías preparadas a toda prisa y sin cuidado, de los periodistas. De todos. No se salva ni uno.

Duerme poco y mal. Le sienta mal la radio, en general. Y los programas de la tele. Si por él fuera subsistiría a base de Aristóteles, de Santo Tomás y de Kant. Cuando tiene ganas de reír lee a Chesterton y cuando tiene ganas de pensar lee a Tolkien. Porque la lógica se estira hacia la épica fantástica, es su frontera natural y el objeto de su enamoramiento.

Por otro lado le parece vivir en el país de las hadas. Pero no en un buen país de las hadas. Un mundo de fantasías baratas, de buenismos disueltos, de adolescentes hiperactivos, deprimidos o alelados. Bajo el gobierno de la Ignorancia y la Incultura. Lógica quiere emigrar, pero no hay país que se libre.

¿Corrupciones políticas? ¿Populismos caducados? ¿Conferencias de la ONU? ¿Cine de Hollywood? A Lógica todo eso le parecen anécdotas de mal gusto. Como vivir en un barrio demasiado húmedo y con mosquitos. Para intentar olvidar todo ese sinsentido, se va a charlar con su amiga la historia, para recordar tiempos mejores.

La historia es una anciana con una memoria de elefante. La pobre tiene un problemón porque sus herederos se reparten sus despojos antes, si quiera, de esperar a que muera. Pero es que entre sus descendientes se ha colado una gentuza con más imaginación que rigor histórico. Luego están los novelistas históricos, o los novelistas que justifican sus salidas de tono con ese “basado en hechos históricos”, que no significa nada pero que todo lo permite. Luego están los historiadores catalanistas. Mejor ni tocar.

Luego están los historiadores catalanistas. Mejor ni tocar.

La lógica se enfada, se indigna. No siempre se ha llevado bien con la historia, porque la historia no siempre ha sido del todo razonable. El anciano lógica entiende mejor a los dragones que a la primera guerra mundial, por ejemplo. Pero lo que están haciendo ahora con su amiga, no tiene nombre.

El resto de sus amigos están igual, si no peor. La metafísica, la gnoseología, la ética… Con la literatura ha tenidos siempre una relación de amor-odio que se ha convertido prácticamente en una lástima continua. En las últimas décadas no se ha escrito casi nada que merezca verdaderamente la pena y se han escrito, en cambio, vertederos enteros de novelas de gasolinera. La literatura y sus hermanas la gramática y la sintaxis están moribundas.

De las artes plásticas, mejor tampoco hablar.

“Libertad, escapismo, sentimentalismo, emociones… ¡bah! La libertad no es nada sin la lógica de la responsabilidad, de los derechos y deberes”.

“¿Guerras de género? ¡Qué demonios significa eso! Si el género es el conjunto de las especies… ¿Matrimonio homosexual? ¡Por favor! ‘mono’ significa ‘uno’ y ‘matri’ significa ‘madre’… ¿Qué ha sido de mis definiciones, de mis etimologías…?”

“¿Liberalismo o socialismo, globalización o nacionalismo, capitalismo o comunismo, dictadura o democracia…? Palabras que ya casi nadie entiende. Maltratadas, incomprensibles, vacías…”

Entonces entra en escena la madre de todos ellos, la Filosofía, hermosa y joven siempre, a pesar de lo que le hacemos a la pobre.
“Lógica, hijo mío… ¿por qué te quejas tanto? Sabes que en algunas épocas los hombres te desprecian, pero tarde o temprano vuelven a ti. Sé paciente y aprovecha tus ratos libres para seguir con tus proyectos personales…”
Lógica piensa entonces en el más pequeño de sus hijos, que tanto está creciendo y que está haciendo cosas tan increíbles… Lógica piensa en la tecnología, y sonríe.

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