El blog de Javier Rubio

La tremenda juego-historia de la familia Finch

El valor de los juegos narrativos: una tarde de historias

What Remains of Edith Finch

A todos nos encantan los cuentos, las historias. A todos nos gustan los juegos. Existe una fórmula antropológica de esta ley universal:

“El ser humano es capaz de trascender el tiempo y dar, así, un sentido superior a los recuerdos, a las experiencias y a las venturas”.

Domingo por la tarde. En mi ánimo se entabla un combate feroz entre hacer algo para entretenerme y terminar con un proyecto de trabajo. Sé que debo descansar para rendir durante la semana, pero el proyecto es importante. Sé que casi nada va a poder distraerme: mi novia está liada, me da pereza salir de casa, estoy terminando una serie que sé cómo va a acabar, no tengo ganas de cine y ya he abusado mucho de la Torre Oscura por esta semana.

Entonces recuerdo una extraña recomendación de un buen amigo mío. Una especie de profeta desaliñado del videojuego. Se trata de un nuevo juego narrativo: “What remains of Edith Finch” (Giant Sparrow, 2017), “Lo que queda de Edith Finch”. Con un “beh?” que puede significar muchas cosas lo descargo y me pongo a jugar.

Error. Casi no juego nada. De hecho no pienso decir que he jugado a nada.

A duras penas he usado dos o tres botones y han sido para caminar. Poco más. Muy poco más.

Ha sido una tarde magnífica de domingo, en la que me han contado una historia formidable. Como hacía tiempo que no escuchaba. Un cuento poderoso, como todos los buenos cuentos: entre el gozo más excelso y la tristeza más profunda.

Al contrario de lo que sucede en el cine de los últimos años, en los primeros minutos del juego ya formaba yo parte del mismo. ¡Qué experiencia! Volver a formar parte de un cuento, pasar un día en una mansión hechizada, conviviendo con la maldición de una familia, historia tras historia.

Tampoco voy a dorar una píldora que no tiene que dorarse. Me dio algo de pena ser tan pasivo. Me hubiera gustado algún puzzle de vez en cuando, algún acertijo que me hiciera sentir inteligente. Pero creo que eso se debe más a un defecto personal. Es un juego, una narración, hecha simplemente para ser disfrutada en una extraña primera persona, en la que tu personaje sabe más que tú durante todo el juego. Más allá del final.

¡Qué sorpresa! Una historia impredecible… ¡Llamad a Hollywood! ¡Alguien tiene que ver esto!

En un mundo donde las grandes películas son refritos de refritos, en el que el cine consiste en buscar novelas de éxito, adaptar novelas y comics, adaptar dibujos animados, adaptar versiones antiguar, etc., etc., etc… ha surgido algo nuevo.

Reivindico el valor de estas experiencias narrativas. Mucho mejores que los óscares de los últimos años, con diferencia. Queremos cuentos de verdad, historias que merecen la pena. “¡Imaginación al poder!” y esas cosas… Un punto de encuentro generacional: el juego narrativo, el cuenta-historias.

Hablo de The Vanishing of Ethan CarterEverybody’s gone to the rapture, o Life is Strange.

Todos ellos recomendadísimos.

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