El blog de Javier Rubio

La mirada que salva la vida

Miradas que concluyen y miradas que abren a la vida

La mirada de una “acción acabada y completa”.

El fatalismo griego ha sido crucial en la historia de Occidente. Esa capacidad para mirar al futuro incierto, al “fatum” caprichoso e incomprensible de los dioses, y afrontarlo con la mayor entereza posible. La mirada del pueblo judío era otra: una mirada resguardada por la Providencia del “Dios de los Ejércitos”. Difícil, pero privilegiada.

Aristóteles en la Poética decía que uno de los ingredientes de la tragedia era la “acción acabada y completa”. Y así se opone al drama, en el que la acción se abre o queda abierta. El “acabado” tiene una grandísima importancia: la vida termina y morimos. O llega el momento pinacular de nuestra existencia y pasa, concluye. “Moving on”, que diría el Pistolero de Stephen King.

Pero igual de importante o más es la “completud”. El momento en el que la acción acaba debe estar resuelta. No basta con contentarse con el fin. Antes de que el fin llegue hay que cumplir. Ese dogma es el sostén mínimo de un ser humano sin recurso al “más allá”. Si Aquiles, Edipo o Antígona nos resultan heroicos se debe a que fueron capaces de mantenerse con entereza según esta mirada de la muerte:

Merece la pena vivir una vida coherente antes de enfrentarnos al sinsentido de la muerte.

Pero la intuición griega va más allá: busca una mirada que sea capaz de crear sentido.

Aquiles concluye su vida para que sea cantada por las musas. Se enfrenta a la muerte para permanecer en la memoria como el héroe modelo de los aqueos. En el fondo, para que su hazaña sea cantada por Homero.

Edipo no muere en “Edipo Rey”. El sacrificio de sus ojos -de su mirada- lo hace capaz de redimir. Su destino está vinculado a Tebas y Colono. Y su valor es redentor: su astucia rescató a Tebas, su cadáver a Colono. En su memoria hay una mirada salvadora.

La mirada de Antígona busca justicia para su hermano difunto. Una justicia post-mortem, contraria a los edictos de la ciudad. En una admirable defensa de la ley natural proclama la prioridad de la dignidad del fallecido y muere por ello. Como en el caso de Edipo su sacrificio resulta paradójico: muriendo salva los valores eternos de Grecia.

Las tres acciones terminan con la muerte. Sin embargo las tres miradas alcanzan un atisbo de sentido más allá de la tumba.

La partida hacia los puertos grises: la mirada puesta en el “hacia” del sentido pleno.

La gran aportación del cristianismo en lo que se refiere al sentido de la muerte es su normalización. Puedes ser una persona normal y corriente, no hace falta ser un héroe. No tienes que ser Ulises para rechazar la tentación de la inmortalidad. No tienes que ser Aquiles para descubrir un sentido a tu existencia más allá del recuerdo.

Me parece muy profundo y muy bello, en este sentido, el cuadro que dibuja Tolkien en el viaje final hacia los Puertos Grises en El Señor de los Anillos.

Partida hacia los Puertos Grises
En primer lugar, porque el mismo uso de las palabras “viaje” y “puerto”, al estar juntas, evocan una cierta ambigüedad. Así formulado no queda del todo claro si se trata de una partida o de un regreso al hogar.
En segundo lugar, por los navegantes: unos elfos y un mago. Héroes tradicionales. Pero también dos hobbits. Dos “medianos”, tipos normales y corrientes que han sabido dar a su sacrificio un sentido final redentor.

El cristianismo, en cierto modo, “normaliza” el más allá, lo hace accesible a las personas “normales”, porque normaliza el heroísmo. Hace de la virtud no un suceso excepcional sino un estado de vida en el que se puede ser feliz con una vida plena. Con momentos de sacrificio -de acuerdo-, pero con también momentos de placer.

Lo importante, en el fondo, es que la mirada fragüe sentido en los actos. Sería preciso introducir aquí la reflexión teológica sobre el papel de la gracia divina, pero lo dejo para otra ocasión.

Sean estos actos salvar a un pueblo entero o preparar la comida de ese día para tu familia o participar en clase.

Lo que redime, en el fondo, es la mirada.

Para la próxima: ingredientes de una mirada creativa…

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