El blog de Javier Rubio

Silencio: mis ideas responden

Respuesta a mi hermano Ignacio sobre la película de Silencio

Querido Ignacio, hablemos de Silencio:

Antes que nada, te agradezco mucho tu respuesta al artículo que escribí sobre la película “Silencio”, de Scorsese. A la luz de tu comentario lo he releído y veo, en efecto, que es preciso matizar o aclarar algunas cosas. Espero que esta respuesta sirva para ello.

Parto de la premisa, por supuesto, de que tu intuición es correcta tanto en la apreciación como en la crítica. Si tuviera que escribir de nuevo el artículo, muy probablemente lo haría de otra forma. Como todos mis artículos. Dicho lo cual, paso a distinguir.

Distinguir los planos.

A la hora de criticar la película me encontré con el extraño fenómeno del repudio. No extraño como fenómeno, sino como fenómeno relacionado a una obra de arte francamente bella. Creo que mi crítica al rechazo público debe entenderse en esta línea. Que un sacerdote -no me refería a Mons. Munilla, por cierto- considere la película como “satánica” y pida a sus feligreses que no la vean, me parece de un mal gusto característico del aspecto más negativo del luteranismo.

ACLARACIÓN: hablamos de una película o de arte que merece la pena. No me refiero a obras inhumanas o guarras. Esas sencillamente nunca debieron haber existido.

¿Falta de formación? Pues que formen. Que formen a sus feligreses. Pero estamos ya lejos de los Índices de libros prohibidos. No podemos permanecer en una estructura cultural prohibitoria sólo porque algunos crean que los católicos de andar por casa no están bien formados. Querido párroco: ¿no crees que tus fieles puedan distinguir en un ambiente de moralidad ambigua? Forma, no prohíbas. Pocas películas realmente buenas hay como para que encima las prohibamos y por el peor de los motivos: una precaución moral.

Otra cosa muy distinta es el análisis del acto de apostasía del P. Rodrigues -a quien no permiten materialmente el martirio por el que suspira ¡Ojo!- . Cómo comprender ese acto en toda su densidad cultural, moral, espiritual, incluso física y psicológica. El sacrilegio es condenable, la apostasía denostable, la traición es cobarde. Y así aparece en la película.

El acto de reconciliación posterior no lo justifica. Para nada. Pero sí lo absuelve. La vida del sacerdote en la apostasía simulada no es un fenómeno extraño en la Iglesia, y no creo que haya sido condenado. No creo que sea condenable como regla. Es una situación moralmente muy compleja, que hunde sus raíces en la época de los primeros cristianos. A nadie puede obligársele a ser mártir. El martirio es un acto heroico no la consecuencia ordinaria de una persecución.

No creo que el P. Rodrigues sea modelo de casi nada, al menos no tal y como aparece en el film. Modelo de ser humano que tropieza y busca el perdón, sin duda. Pero no de mucho más. No creo que Scorsese se propusiera presentarlo como modelo. Quería contar una historia que le interpela profundamente de forma personal y que le proporciona una clave de lectura de lo que está sucediendo hoy en día en este mundo.

Mis ideas.

En definitiva: no todo el arte es bello, bueno y verdadero. El arte produce obras francamente feas e inmorales. Al menos así se comprende el arte hoy en día. La belleza es un plus. La verdad un doble plus. Y la bondad un triple plus. La distinción no gusta, pero ayuda en estas circunstancias. No toda producción humana, por más técnicamente perfecta que sea, es bella.

Por otro lado, ¿un sacerdote que aclara la moralidad del acto de apostasía del P. Rodrigues? Eso es formación. Del mismo modo que un sacerdote que explique la inmoralidad de algunas escenas de Titanic o de un historiador que explique el sinsentido de 55 días en Pekín. Eso, insisto, eso es formación.

¿Un sacerdote -o, por lo demás, cualquier persona- que haga cadenas en Whatsapp o Facebook para que la gente no vea la película? Ni lo entiendo, ni lo apruebo. Denota cortedad de miras, falta de capacidad de diálogo, y poca seriedad. Si quieres defender a tu grey -si de verdad amas a tu grey-, de la que eres pastor y no dueño, explica el misterio del pecado, fórmala en la finura moral y en la capacidad de sentimiento artístico en el ámbito teológico. Explica el misterio de la traición de Pedro -insisto, análoga en muchos aspectos a la del P. Rodrigues- y la grandeza excepcional de la santidad y del martirio.

Pero cuando se trata de comprender y aceptar la intención verdadera de la obra de arte o de la película, antes de subir al púlpito o a la tarima de profesor, permítete escuchar al mismo artista. A Scorsese o a Endo. Pregunta cuáles son sus verdaderas intenciones…

Resultará muy, pero que muy iluminador. A lo mejor terminan recomendando la película.

Y otra cosa: ¿por qué nadie habla de la metáfora, del título? Silencio, silencio… ¿no nos dice nada?

Como diría nuestro gran amigo Chesterton: “Al entrar en la Iglesia hay que quitarse el sombrero, no la cabeza”.

 

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