El blog de Javier Rubio

Dominus, no dominator: el señorío del ser humano

La vocación del hombre y la dignidad del trabajo

Creación del hombre, Miguel Ángel, Capilla Sixtina

Polo “Ecologista”: el hombre no es Dominus, sino Servus.

Cualquier reflexión profunda sobre la misión del ser humano como “Dominus” sobre esta tierra debe considerar este polo:

Y Dios los bendijo y les dijo:
 “Crescite et multiplicamini et replete terram et subicite eam et dominamini piscibus maris et volatilibus caeli et universis animantibus, quae moventur super terram”.

“Creced y multiplicaos y llenad la tierra y sometedla, y dominad los peces del mar y las aves del cielo y todos los animales, que se mueven sobre la tierra”.

Digo “considerar”, porque parto del hecho de que una cierta forma de ver el mundo la rechaza sin lugar a discusión. Comprendo que para ciertas personas el hombre es “Dominus” o “Señor” de la tierra sólo como un dato de hecho y no como un ideal. Según esta perspectiva las personas ocupamos un lugar en modo alguno principal en el orden de las cosas. O tan principal como cualquier otro mamífero, insecto, planta o roca -según los grados de ecologismo-.

Parte de esta intuición es cierta, como suele suceder en estos casos. La intuición correcta y profunda que se vislumbra con esta concepción ilumina el don inmenso de la naturaleza.  No hemos “producido” la tierra. Somos meros depositarios de su riqueza o, acaso, meros participantes de su belleza. Nuestra misión humana es preservarla, no dominarla.

La exageración de esta corriente es conducir al hombre al abismo de la relatividad ecologista. Es decir: el hombre y su destino dependen de una cierta concepción de lo que es mejor para la tierra. Esta concepción puede llegar a justificar fenómenos como el aborto, el control de la natalidad o penas de muerte por infracciones graves contra el ecosistema.

Polo “Consumista”: el hombre no es Dominus, sino Dominator.

El polo opuesto rechaza cualquier versión servil en el dominio humano. Según esta narrativa el ser humano es cúspide totalitaria y solipsista. La misión del ser humano es la del dominio manipulador: la naturaleza es un medio de producción o un simple objeto material de desarrollo humano.

Esta tentación es más sutil de lo que pueda parecer. Un mal entendimiento de la cita del Génesis nos conduciría a un agostamiento natural y humano. Someter –mettere sub o “meter debajo”- significa la imposición de una autoridad. Pero esa imposición y esa autoridad deben ser humanas, en el sentido más generoso del término. Es decir: amable, racional, respetuoso, caritativo, generoso.

El dominio que manipula, que utiliza la naturaleza como cosas para satisfacer fines particulares y egoístas, tiene muy poco que ver con la cosmovisión del Génesis. Porque en el mismo libro se dice que “vio Dios lo que había hecho y vio que era bueno”. La destrucción injustificada -total o parcial- de animales, plantas y naturaleza inerte, ni es parte de la misión del hombre, ni puede considerarse humano.

In medio, virtus: el hombre es Dominus, a imagen y semejanza de Dios.

El Génesis define al hombre como “imagen y semejanza” de Dios. Es decir, como partícipe de las potencias espirituales divinas y como capaz de ser libre. Así, si Dios es creador el hombre es creativo. Dios conserva todas las cosas por amor, y el hombre es el administrador de esos bienes según el mismo criterio. En fin, Dios es Providencia, y el hombre es previsor. Así con todo.

El hombre es Dominus, no Dominator. Es Señor, no Tirano. El Señor cuida los dones que se le han confiado, los administra, los hace florecer. Tiene primacía sobre todos ellos, sin duda. Aquí los animalistas se equivocan: los animales no son más o iguales a las personas. Esa forma de entender el mundo no tiene sentido en esa clave: no son ni mejores, ni peores. Son lo que son, animales, plantas, bosques, rocas…

El perro, por ejemplo es el mejor amigo del hombre. La misión del señorío humano consiste en domesticar un perro, convertirlo en un amigo, y también lo es cuidar de las plantas, cultivar frutos y flores. Es parte del señorío humano respetar la naturaleza salvaje, aprender de ella, cuidarla. Es también parte del señorío humano respetar la cadena alimenticia y la lógica interna del don que nos ha sido otorgado.

En definitiva, el hombre posee un dominio de señorío, de honor y de generosidad. A imagen y semejanza de Dios. Ni más, ni menos.

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