El blog de Javier Rubio

Tolerancia y Caridad cristiana

Por qué el cristiano debe amar antes de tolerar

Libro del ajedrez de Alfonso X

Llevo tiempo queriendo escribir sobre este tema, porque me preocupa bastante. Veo en los medios de comunicación una batalla periódica sobre la tolerancia en el cristianismo, especialmente en la Iglesia Católica. Digo “periódica” porque se trata de un tema que no se suele afrontar directamente, sino sólo de forma tangencial. Como un sarpullido que surge con cada polémica social.

Las polémicas a las que me refiero últimamente son muy conocidas en Occidente, en Europa y en España, en los diversos grados de enfoque que se les concede en cada instancia. Las polémicas son la de los inmigrantes, el Islam y la diversidad religiosa y cultural en España, los refugiados sirios, el medio ambiente, las muy diversas causas que defiende el feminismo (en general), los derechos del lobby LGTB… Y el sarpullido es la supuesta intolerancia de la Iglesia Católica.

Lo cual siempre me ha parecido asombroso. Es extraño considerar la intolerancia como una acusación seria. Principalmente porque en la Iglesia Católica, de hecho, no hay ningún llamado a la tolerancia. Cristo nunca dijo “tolerarás a tu enemigo como te toleras a ti mismo”. De hecho ignoro si existe una palabra para la tolerancia en griego clásico o en arameo. Supongo que no.

Siempre he visto la tolerancia como la aceptación a regañadientes de un mal inevitable. Tolero a las moscas en verano o el frío en invierno. Son cosas que no me gustan, pero que no puedo cambiar. Por eso las tolero. Si convirtiera mi vida en una cruzada por eliminarlas me volvería completamente chiflado. El genocidio de las moscas es una empresa que me garantizaría una suite en el manicomio más cercano, además de una enérgica manifestación de los ya mencionados ambientalistas en la puerta de mi casa. Situaciones ambas intolerables.

“Tolerar” a los musulmanes, a los refugiados sirios, a las feministas (y los feministas… algo que nunca he entendido), a los homosexuales, transexuales, y la larguísima lista… no es católico, ni cristiano. La tolerancia no merece la valoración moral que se le concede en la dialéctica de los medios de comunicación y en la jerga política. Tolerancia 0%… caridad 100%

El mandato (¡ojo! “mandato”, no “invitación”, no “recomendación”) es “amad a vuestros enemigos”, “amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos”. Eso es lo cristiano. La tolerancia se la dejamos a los que quieran desestimar a las personas por su condición. Lo cristiano es asomarse al pecado con los ojos de la caridad que busca reparar y hacer el bien, sin infravalorar o estimar en menos nunca a la persona que comete el pecado.

Ser cristiano no es nada fácil. No es fácil escuchar las cosas que pasan en España y en el Mundo, las acusaciones, los malos tratos… tanto mal, tanta ira, tanto descaro, y elevarse por encima de todo ello y repetir una y otra vez: “soy cristiano, no tolero el pecado pero amo al pecador”. La brillantez del llamado del Espíritu Santo consiste en abrazar al pecador y actuar con sagacidad para evitar el pecado. El arma del cristiano es su propio testimonio: la belleza de una vida vivida según el evangelio. “Mirad cómo se aman”.

Ese es el ejemplo del modelo original del cristianismo. A eso se refieren las palabras de Cristo en la cruz “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. Son las palabras de un moribundo hacia sus torturadores. No es tolerancia, es amor.

En un futuro artículo trataré el tema de la diferencia entre “caridad” y “generosidad”. Otra gran confusión -y un gran empobrecimiento- de nuestro tiempo.

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