El blog de Javier Rubio

Sufrimiento humano, Anthony Hopkins y los cuentos para niños

Una digresión sobre Tierras de Penumbra (1994)

Hace 23 años Richard Attenborough se alió con Anthony Hopkins y Debra Winger para retratar un gran episodio de la vida de C.S. Lewis. Hopkins se puso en la piel del profesor de Oxford para hablarnos sobre el dolor y el amor. Los méritos como película son superiores a su fama: un gran reparto, un gran guión, una producción magnífica con una magnífica dirección. Para mí es una pequeña épica. Un gran cuento sobre el sufrimiento humano.

Para mí Tierras de Penumbra es una pequeña épica. Un gran cuento sobre el sufrimiento humano.

Oxford es lo suficientemente tenebroso para representar a la humanidad. Es medieval y lo medieval es muy humano. Pero además es un pequeño reino de cuentos. En cada esquina, en cada piedra, en cada mueble hay un cuento, una historia. Las inquisiciones más profundas del pensamiento de la mano de la luz de los cuentos. Luz y ténebra, ojos de niño y miradas cargadas con el peso del sufrimiento de la historia.

CS. Lewis está tan seguro de que ha comprendido el significado del dolor que se dedica a escribir cuentos para niños. Hay algo en los niños, entre inocencia y honestidad: comprenden que la Bruja Blanca es mala desde el primer momento, a pesar de estar vestida de blanco. Sin embargo el dominio de Lewis sobre el concepto del sufrimiento conlleva un riesgo grave: lo convierte en un objeto, un “instrumento”, un juguete rapsódico para construir juegos de artificio mentales.

Los cuentos para niños son paradójicos. Como la niñez misma. Es inocente, pero se rige según reglas muy rigurosas. Evita en todo lo posible las complicaciones innecesarias, pero requiere -necesita con urgencia- crear mundos de gran complejidad mágica y fantástica.

Los cuentos para niños son paradójicos. Como la niñez misma. Es inocente, pero se rige según reglas muy rigurosas.

Un cuento para niños no puede tener largas explicaciones de las cosas. Pero en cambio no basta con una espada cualquiera. La espada debe ser mágica. Debe tener un sentido más allá de la misma espada, debe nacer de los versos que un pueblo antiguo cantaba a los dioses. Matar un dragón no es dragonicidio. En ese preciso sistema moral de los cuentos de niños matar a un dragón no es asesinato.

La mirada de Lewis sobre el dolor y la mirada de su hijastro son muy distintas. Porque Douglas aún empuja el armario para abrir las puertas de Narnia. Lewis sabe que Narnia no es real. Douglas no comprende la teología del sufrimiento: simplemente sufre y descubre el amor que puede salvarlo del dolor. Descubre la magia. Lewis ve su sufrimiento amplificado porque su forma de experimentarlo es mucho más compleja.

En cierto modo el camino de redención de Lewis pasa por recuperar la mirada del niño.

Al principio de la película Anthony Hopkins afirma… entre tantas cosas que olvida después… que la magia es para siempre.

La magia es un armario que abre sus puertas a un mundo de fantasía. Y también es el rostro de una mujer en la multitud.

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