El blog de Javier Rubio

¿Infatuación o enamoramiento? La clave está en la Ilusión.

La Ilusión como llave maestra del corazón humano

El hombre, un animal ilusionado: la ilusión de Julián Marías.

Cada uno de nosotros nació como una hoja en blanco. Conforme pasan los años escribimos nuestra vida -nuestra historia- en esa hoja. Hasta que la muerte, como suele pasar, termina esa historia. En momento dado en la vida hacemos el genial descubrimiento de que esa hoja la podemos llenar de rayajos informes o de la caligrafía más bella. En otro momento descubrimos la posibilidad de escribir una historia junto a otra persona. Y de pronto nos surge la idea de que, quizá, la vida no acaba en esa hoja… El motor que mueve nuestro corazón para hacer esos geniales descubrimientos es la ilusión.

Julián Marías tiene una obrita sin desperdicio “Breve tratado de la Ilusión”. Filosofía de la mejor, de la que se puede leer tranquilamente un domingo, entre dos aventuras del P. Brown, de Chesterton. Hacia el final de su carrera, el filósofo español hizo realidad uno de sus grandes anhelos. Este gran anhelo era releer los puntos de importantes de su vida, hilvanados por la ilusión.

La ilusión no en la acepción de “engaño”. Sino como esa atracción futuriza del hombre hacia una esperanza realizable. Una atracción que da sentido a todo lo que hacemos en la vida.

Hombres y Mujeres, los dos ingredientes necesarios de la Ilusión.

Ese es el gran dilema que se presenta en el capítulo sexto del libro, titulado: “La condición amorosa como raíz de la ilusión”.

Porque Marías lo tiene claro: la ilusión radica en el amor verdadero (qué sabios son los cuentos). El amor es la fuente vital de la Ilusión. ¡Ojo! El amor, como el juego o los cuentos de hadas son cosas muy serias.

Partimos de la profunda verdad de la heterosexualidad humana. Es un hecho que existen las mujeres y los hombres, y que son complementarios porque son distintos. En cierto modo son complementarios en la medida en que son distintos. La palabra “complementario” connota precisamente el hecho de que se precisa del otro (o de la otra) para alcanzar la propia plenitud.

En este sentido cualquier encuentro de un hombre con una mujer es una semilla de plenitud. Por supuesto, en nuestro día a día esta posibilidad permanece como simplemente eso: una posibilidad que no se cumple.

El hombre en su encuentro con la mujer se ilusiona con el proyecto de completarse junto a ella. Y al revés. El caso es que necesitamos de algo más que de experiencias pasajeras. Y esto por el simple hecho de que un proyecto vital humano no puede cumplirse en cinco minutos, precisa de toda una vida.

El encuentro con El Otro o La Otra: ¿enamoramiento o estupidez pasajera?

¿Qué sucede cuando te encuentras con El Otro o La Otra, así, en mayúsculas? En ese caso ambos deben tomar la decisión de culminar el proyecto en común o no. En el caso en que ambos empiecen a caminar juntos hacia un futuro común, ese proyecto se empieza a realizar y es fuente de ilusiones. La ilusión perdura mientras ambos estén dispuestos a completar ese proyecto común de mutuo completarse. Eso es el amor: querer completar al otro y que el otro te quiera completar a ti.

Surge la duda: ¿cómo sé si es enamoramiento verdadero o un estado de infatuación, de estupidez pasajera? La ilusión. ¿Estás ilusionada por caminar el camino de tu vida junto a él? ¿Estás ilusionado en los hitos que empiezan a aparecer en vuestro horizonte común?

En el caso de que la experiencia de encuentro suponga algo más que una gratificación inmediata (del tipo que sea, sexual o emocional), podemos decir que sí. Todos sabemos lo complicado que es este tema. No hay soluciones mágicas o matemáticas porque no debe haberlas.

La pregunta, en el fondo es: ¿te ilusiona escribir el resto de la hoja de vuestra vida junto a esa persona?

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