El blog de Javier Rubio

Los tres pilares de la imaginación creativa

Reflexión sobre la importancia de la imaginación según J.R.R. Tolkien

El gran peligro de la imaginación: no fuimos hechos para vivir en Fantasía.

En uno de los viajes al país de Fantasía del herrero de Wootton Mayor, en el cuento de Tolkien, el aventurero de la imaginación se encuentra de pronto en medio de un huracán. Sin poder resistir su fuerza, sólo encuentra cobijo tras un abedul, que lo protege a costa de sus hojas y sus ramas. Por ese gran favor el herrero quiere gratificar al generoso árbol:

—¡Bendito seas, abedul! ¿Qué puedo hacer para resarcirte, o para darte las gracias?

Sintió que la respuesta del árbol pasaba a través de su mano:

—Nada, -dijo. —¡Vete! El viento te persigue. Tú no perteneces a este lugar. ¡Vete, y no regreses más!

Fantasía es un lugar peligroso. Tolkien lo sabía con certeza. Su interés por el País de las Hadas no fue siempre mirado con buenos ojos por sus colegas académicos. Paradójicamente, en las historias de los elfos de Tolkien descubrimos valores y enseñanzas indispensables para los hombres. El mayor de todos: el valor de la creatividad.

El valor de la creatividad.

Profeta en Europa, Tolkien descubrió hace más de medio siglo el remedio contra la omnipotencia de la técnica. ¿Llegará un día a existir una máquina capaz de replicar la Divina Comedia? Quizá ya exista. Tolkien responde a la tentación del transhumanismo con un poema sobre el ser humano, Mitopoeia:

El corazón humano no está hecho de engaños,
y obtiene sabiduría del único que es Sabio,
y todavía lo invoca. Aunque ahora exiliado,
el hombre no se ha perdido ni del todo ha cambiado.
Puede que lo acose la des-gracia, pero no ha sido destronado,
y viste los harapos de su señorío,
el dominio del mundo por actos creativos:
no es suyo adorar la Gran Máquina,
hombre, subcreador, luz refractada
a través de quien se separa en fragmentos de Blanco
de numerosos matices que se combinan sin fin
en formas vivas que van de mente en mente.
Aunque llenásemos todas las grietas del mundo
con elfos y duendes, aunque nos atreviésemos a construir
dioses y sus templos de oscuridad y luz,
y sembráramos semillas de dragones, sería nuestro derecho
(bien o mal usado). El derecho no ha decaído.
Aún creamos por la ley por la que fuimos creados.

Los “harapos del señorío” humano son sus actos creativos, actos que el hombre recrea según la misma “ley por la que fuimos creados”. Por lo tanto, si por un lado el país de Fantasía es peligroso y no es el mundo natural del hombre, no menos cierto es que la imaginación creativa salvará el dominio del hombre.

Una máquina podrá hacerlo todo, podrá imitar los procesos humanos a la perfección, pero nunca inventará nuevos duendes, ni construirá poemas sobre la creatividad.

Los tres pilares de la imaginación: evasión, recuperación y consuelo.

Al sumergirse en Fantasía, o en el País de las Hadas, o en Una Galaxia muy, muy lejana, los hombres buscan evadirse de algún modo. Es la gran oferta del género: una vía de escape a lo cotidiano, a las rutinas de la vida, a una mirada aburrida sobre la propia existencia. Una oferta que puede ser un pacto con el diablo.

1º La evasión.

Porque no toda forma de evasión es buena. El vicio en todas sus escalas es una forma más o menos sutil de evasión. El ámbito de la responsabilidad humana no tiene fronteras. No es lícito abandonar a las propias espaldas el mundo de la razón y buscar países de arcoíris, sin contacto con la realidad. Eso no es humano, es falso. Y lo sabemos, porque “el corazón del hombre no está hecho de engaños”. El pecado es la forma más corrupta de evasión: es enajenación del espíritu humano. Es fantasía de la peor calaña. En minúsculas.

La imaginación creativa ofrece una evasión legítima: una evasión que no es escapismo, sino descubrimiento de nuevos mundos. Una aventura en busca de los tesoros de las hadas.

El subcreador, el artista, en realidad cualquier hombre con un espíritu de creatividad es capaz de trascender el plano meramente horizontal de la existencia en busca de un sentido vertical. Me explico: el genio creativo al dibujar, al escribir, al esculpir, al fotografiar… elude las garras del horario, de la agenda, de la rutina, del sinsentido y se sumerge (o asciende) a otro mundo. Un mundo en el que su trazo es creador de otros mundos o de nuevos significado, en el que las palabras cobran vida y el roble del pueblo se convierte en el símbolo universal del sacrificio de los dioses.

2º La recuperación.

En ese nuevo mundo, que se abre en los lienzos, en la página en blanco de Word o en el estrecho espacio de tu cubículo, existe un tesoro. Se trata de algo dejado por otros, o quizá se trata de una veta repleta de diamantes. Resuena en tu mente y en tu corazón como el eco arcano de una canción de cuna que escuchaste en tu infancia. Todo cobra sentido. La imaginación une los puntos del pasado, esos puntos a los que se refería Steve Jobs en su conferencia de Stanford.

No es un tesoro del todo desconocido, aunque sí es inaccesible sin la imaginación. Es un tesoro del pasado, del presente y del futuro. Un tesoro que sólo cobra sentido del todo cuando el caballero atraviesa el corazón del dragón. En ese momento, en el corazón de Fantasía, se comprende el significado real del propio mundo: que el mal debe ser derrotado y que merece la pena convertirse en un caballero andante para lograrlo.

3º El consuelo.

La recuperación de los valores que realizamos en el país de Fantasía da sentido último es lo que legitima la evasión. Ese encuentro que hacemos con nosotros mismos gracias a la facultad narrativa de la imaginación creativa, -ese descubrimiento del mal y del bien y de nuestra vocación como “transmisores de belleza”-, nos produce un consuelo profundo.

“La vida del hombre es una lucha sobre la tierra” (Job 7, 1). Cualquier satisfacción pasajera no es más que un motivo para seguir luchando. Y la lucha es por el consuelo definitivo: la felicidad.

Este argumento, presente en los albores del pensamiento griego y más necesario que nunca hoy en día, es el verdadero autor de este artículo. La imaginación es un instrumento característico del ser humano para lograr ser felices. Y es un instrumento que toca partituras de creatividad, en armonía con las personas que nos rodean.

No fuimos hechos para vivir en Fantasía. Fuimos hechos para amar. Pero para aprender a amar de verdad, con radicalidad (no con las recetas de “usar y tirar” de Hollywood), es necesario aprender a descubrir el consuelo profundo en Fantasía.

(Para profundizar más en este tema recomiendo la lectura de cualquiera de los libros de Eduardo Segura. Creo que él ha sabido captar la importancia de este tema en el pensamiento del gran Tolkien y sus libros tienen la inaudita característica de ser a la vez eruditos y amenos).

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