El blog de Javier Rubio

Imaginación: en busca de la potencia perdida

Una reflexión sobre la gran riqueza de la imaginación y dónde podemos encontrarla

¿Qué es la imaginación?

Me encanta la definición de Santo Tomás de Aquino: “es como un depósito de las formas recibidas por los sentidos” (Suma de Teología, Iª parte, cuestión 78, artículo 4).

Ni más, ni menos. Bueno, en realidad, mucho más. Esa es la definición más general de imaginación como potencia que compartimos con todos los animales llamados “superiores”: con los gatos, los perros, etc. Todos estos animales tenemos unos sentidos por los que abrimos las puertas de nuestro conocimiento a las formas reales que se encuentran en el mundo. Estas puertas son la vista, el olfato, el gusto, el tacto y el oído, principalmente.

Pero los seres humanos, por esa capacidad que tenemos para “espiritualizar” y enriquecer nuestra intimidad, vamos un enorme paso más allá. No sólo “recibimos” formas, sino que además jugamos con ellas: las combinamos entre ellas, las dividimos entre sí, y nos inventamos formas nuevas que no existen en la realidad. Santo Tomás nos ofrece un ejemplo tomado de Avicena: “Con la imagen de oro y la imagen de monte, formamos la imagen de un monte de oro que nunca hemos visto”.

¿Qué hacemos los hombres con la imaginación?

Seré simplón. Creo que los hombres podemos hacer tres grandes tipos de operaciones relevantes. O, quizá mejor dicho, podemos considerar nuestros actos humanos desde tres perspectivas fundamentales: el ámbito de la producción artística, el ámbito de la conducta moral, y el ámbito de la contemplación o estudio de las verdades.

La imaginación es esencial para las tres. Cada una de ellas se asoma a un resquicio distinto de creatividad humana, según ésta atiende a la verdad, al bien o a la belleza:

1º Ámbito de la contemplación o estudio de las verdades.

La imaginación realiza una labor fundamental en el estudio, incluso en el más abstracto como la matemática, la teología, la física o la metafísica. Los hombres somos, a fin de cuentas, sujetos de carne y hueso y precisamos de la ayuda de las imágenes incluso para especular. De ahí que sea tan importante poner buenos ejemplos. Un buen ejemplo es un tesoro valiosísimo para la enseñanza y el aprendizaje.

Hoy más que nunca es preciso rescatar la imaginación. Existe una gran presión para que los educadores empleen imágenes explícitas como método: vídeos, diapositivas, esquemas gráficos… Todo eso está muy bien, pero creo que es necesario dejar que cada estudiante asuma como un reto personal el desarrollo de su imaginación. Porque llegará un día en que ya no tendrá a nadie que le ponga una diapositiva y tendrá que ser él quien ingenie las imágenes. Es preciso estar preparado para ese día.

¿Es positiva una imaginación que se evade de la realidad? Espero tener próximamente la oportunidad de escribir un artículo sobre las enfermedades de la imaginación. Por ahora diremos que… depende…

2º Ámbito de la conducta moral: o la imaginación en cuanto aplicada a la prudencia.

El hombre prudente es aquel que considera los medios más adecuados para alcanzar su fin. Entendemos -pues estamos hablando de moral- que el fin es un tipo de bien. Pues bien, el papel de la imaginación es, en este caso, crucial.

La imaginación nos ayuda a visualizar todas las posibilidades del caso moral. Pongamos un ejemplo simple:

Imaginemos (no podría ser de otra forma) que nuestra madre ha preparado una tarta como premio de notas para tu hermana pequeña. Sabes que tu madre no va a estar en casa en toda la tarde. Cuando tu hermana llegue a merendar se encontrará un magnífico trozo de tarta preparado para ella. Nadie se dará cuenta si tú coges un trozo y no se lo dices a nadie. Cuando te encuentras en este dilema, tu imaginación trabaja a marchas forzadas para presentarte todas las posibles decisiones y todas sus posibles consecuencias. La viveza de esas posibles consecuencias es, en muchos casos, el principal motivo para desistir en la fechoría.

3º Ámbito de la producción artística.

Me encanta la primera parte del Silmarillion de Tolkien. Tengo la sospecha de que Dios creó por medio de una canción y que los esfuerzos artísticos del hombre responden a un eco de esa canción que llevamos en nuestro corazón.

Los artistas “visualizan” antes de producir su arte. Esto significa que “ven” lo que van a hacer antes de hacerlo. Lo “imaginan” en el sentido quizá más conocido del término. La genialidad del caso es que, según la definición de Tomás, la creatividad artística es una respuesta a una experiencia ya realizada: primero conocemos las formas, después las relacionamos y las expresamos.

En el hombre la imaginación también es integral.

Es esta una descripción poco afortunada. Espero poder explicarme:

Soy discípulo de San Agustín y de Tomás de Aquino en el considerar que el hombre es una unidad de alma y cuerpo. Creo que esta integración permite explicar muchos fenómenos humanos. Como el hecho, por ejemplo, de que la sexualidad no sea un mero apartado reservado a los órganos genitales, sino una riqueza que inunda a toda la persona: su pensamiento, su expresión, su misma forma de ver y relacionarse con el mundo.

Del mismo modo la imaginación -una potencia del conocimiento humano- inunda toda nuestra personalidad. Es una riqueza, un tesoro formidable. Está en nuestras manos que lo desarrollemos más o menos, que lo empleemos en todo su potencial creativo. O que dejemos que se agoste en los almacenes de los hombres grises de Momo.

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