El blog de Javier Rubio

Juego, mucho más que sólo juego

Fenomenología de la experiencia del juego

¿Qué nos dice la RAE?

El juego es:

1. m. Acción y efecto de jugar por entretenimiento.
2. m. Ejercicio recreativo o de competición sometido a reglas, y en el cual se gana o se pierde. Juego de naipes, de ajedrez, de billar, de pelota.

Y así, 19 acepciones más.

Buscando un acercamiento más amplio, una definición que me sirviera como punto de partida para hablar de filosofía a mis alumnos de videojuegos, me encontré con esta:

«El juego es una actividad corpóreo-espiritual libre, que crea, bajo unas determinadas normas y dentro de un marco espacio-temporal delimitado, un ámbito de posibilidades de acción e interacción con el fin no de obtener un fruto ajeno al obrar mismo, sino de alcanzar el gozo que ese obrar proporciona, independientemente del éxito obtenido». LÓPEZ QUINTÁS, A. Estética de la creatividad, p. 40.

Esta definición me da muchas más facilidades para desentrañar la noción y ofrecer a los alumnos un buen punto de apoyo. Para mí el objetivo era que, a partir de la definición, ellos fueran capaces de expandir creativamente el concepto a su propia experiencia. Que me pusieran ejemplos.

El resultado no fue el que yo me esperaba. Pero el maestro don Alfonso López Quintás estaría satisfecho.

Veamos esta definición, paso por paso:

Imagen de Sports IllustratedUna actividad corpóreo-espiritual libre.

Es decir, no se puede jugar desde una actitud pasiva. Es cierto que algunos tramos del juego pueden incluir la espera, pero incluso esa espera consiste más en una anticipación que en un “soltarse” del entramado. Es corporal, ciertamente, pues no hay juego sin mirada, sin olor, sin sonidos, sin tacto o sin sabores. Es espiritual porque es libre. No se rige por un esquema de acción-reacción, de forma mecánica. El juego exige decisiones, participación, charla, capacidad de gozo.

Que crea un ámbito de posibilidades de acción o interacción.

Cuando jugamos hacemos cosas. Pero no hacemos las cosas de cualquier forma, y no hacemos cualquier cosa. Al ponernos frente a un contrincante, a un reto, a un fin, nos convertimos en los personajes de una historia que tiene infinitas posibilidades. Ninguna partida es igual a la anterior. La experiencia del mismo juego nunca es la misma. En cada ocasión creamos -con la propia libertad, con la propia creatividad- un ambiente distinto. Un ambiente de juego en el que las acciones y las interacciones cobran nuevos significados.

Bajo unas determinadas normas y dentro de un marco espacio-temporal delimitado.

CatánEse mismo tablero nos sitúa geográficamente. Y cuando no hay tablero, hay una mesa, un orden, un espacio, un cronómetro… Son los puntos cardinales en los que se desarrolla cualquier juego.

Por supuesto, el juego tiene que tener unas normas, un reglamento que exige una forma de participación ordenada al fin. El juego nunca es caótico, y por lo tanto, es serio. Los niños se lo toman con seriedad, porque comprenden todo lo que implica. Quien no se lo toma en serio, no está jugando.

4º Con el fin no de obtener un fruto ajeno al obrar mismo, sino de alcanzar el gozo que ese obrar proporciona, independientemente del éxito obtenido.

El famoso -y muy cierto- “lo importante no es ganar, es participar”. El juego implica un disfrute en sí mismo. De lo contrario no es un juego. Podrá ser una competición, un negocio, un torneo… pero no un juego. Aquí chocamos con la definición de la RAE.

Pero la verdadera experiencia de jugar tampoco debe ser mercantil. No juegas para obtener un fruto ajeno a la satisfacción misma de jugar. Si juegas por salud, en realidad no juegas: estás haciendo terapia.

Y la experiencia de jugar la disfrutas ganes o no ganes. La satisfacción debe encontrarse en el haber asumido el propio papel creativo y en haber conseguido desarrollarlo cumpliendo las normas, en el espacio y el tiempo suministrados.

¿Es esta nuestra experiencia?

Creo que sí. En clase lo vivimos. La definición vale y cuenta. Es mejor que la escueta descripción de la RAE.

Pero aún hay más: la misma definición se expande a otros ámbitos creativos de la vida. Lo comprobamos al descubrir que, por ejemplo, en inglés se emplea el mismo término para “jugar” y para “tocar un instrumento” o para “una presentación teatral”. Play.

Experiencia estética: la belleza.Dark Souls 3

Y claro, tocar un instrumento en seguida nos conduce a la experiencia de la belleza. Si decimos que “jugamos al piano” ¿por qué no decir “jugamos a pintar” o “jugamos a contemplar la belleza”? De hecho, descubrimos que la experiencia de la belleza en la vida también es un juego. Piénsalo: una puesta de sol, por ejemplo, o un paisaje magnífico que se haya quedado impreso en tu memoria. Somete esa misma experiencia a la definición propuesta para ver si la definición resiste. Descubrirás que sí.

Experiencia moral: el bien.

La toma de una decisión importante en la vida, de tipo moral, en el fondo es también un juego. “Pero”, se me podrá objetar, “la decisión moral es algo demasiado serio para ser considerado un juego”. Creo que es serio, en el fondo, y es importante porque es un juego. Un juego de adultos, si se quiere. Pero un juego no del todo distinto al de los niños (del siglo pasado) que debían decidir si en el combate de sus soldados de plomo ganará el ejército invasor o el invadido. En cualquier caso, se ajusta a la definición.

Experiencia filosófica: la verdad.

Sócrates era, antes que nada, un hombre que jugaba a buscar la verdad. Y por eso los libros de historia lo recuerdan como uno de los filósofos más grandes. Empezó el juego por indicación de un oráculo divino y no dejó de jugar hasta el momento de la muerte, la jugada maestra que dio sentido y valor a todo su juego. Para los griegos el juego no era cosa banal. Eran un rito importante. Tiene sentido que el rito más importante de todos, el de contemplar la verdad sea también un juego.

Experiencia religiosa como juego: la unidad.

¿Por qué peregrinan los peregrinos? Algunos porque quieren reconciliarse con Dios. Quieren volver a la unidad, a la amistad que han perdido. Otros para intensificar esa unión. Conocen las reglas, la liturgia, los ritos. Conocen el espacio y el tiempo de ese juego. La satisfacción está en el mismo gozo que se encuentra en la experiencia religiosa. Será interesante contemplar todo esto de forma más detallada: la religión como un juego. Como el más grande de todos los juegos.

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