El blog de Javier Rubio

Cinco grandes consejos para vivir la Comunidad

Un análisis al modelo de Comunidad de J.R.R. Tolkien

El Señor de los Anillos es una obra maestra. La gran obra maestra del siglo XX, desde mi punto de vista. Más allá de la épica y la tragedia, la sabiduría que entreteje las páginas de esta historia alcanza a todo el ser humano. En este artículo quisiera mostrar la fuerza que tiene la comunidad, tal y como Tolkien la concibió, según cinco grandes características:

1º Tras las huellas de un maestro.

Todos los enamorados del Señor de los Anillos son enamorados de Gandalf. El mago gris es el sabio que se responsabiliza por el avance del grupo, pero sobre todo por el crecimiento de sus miembros. Es un guía nato no sólo porque sabe el camino y conoce la mejor forma de recorrerlo, sino también porque sabe acercarse a cada uno de los que le siguen.

No se trata de un acercarse circunstancial y sin motivo, sino que es un acompañamiento genuino. Un estar al lado de los que le necesitan: apoyar al débil, motivar al fuerte, exigir y premiar, bromear y dar consejo. Algunos de sus diálogos con Frodo son dignos de una antología filosófica.

Su misión era hacer que ardiera el corazón de los hombres contra el mal del mundo. En el libro Gandalf lo logra en gran medida. Aunque ni siquiera el gran mago logra superar la voluntad del hombre cuando éste está empeñado en hacer mal las cosas. Sabe canalizar el esfuerzo de los mejores e impulsar a los más mediocres. Contra todas las probabilidades aparentes de éxito, ese esfuerzo al fin resulta suficiente.

2º Al ritmo del más lento.

En la Comunidad del Anillo -el grupo aventurero que protagoniza la acción de la obra- hay un mago, un elfo, dos hombres, un enano y cuatro hobbits. Si los primeros son de gran zancada (de ahí que a Aragorn lo llamaran Trancos), los últimos son de piernas cortas.

Es un hecho que los grupos, las comunidades, avanzan al ritmo de los más lentos.

Eso no significa que haya que sufrir al que trata de detener la marcha del grupo o su buen hacer. Eso significa que la comunidad asume las debilidades del más débil, de la misma forma en que se enriquece de las virtudes del más fuerte. Se trata de curar y sanar: ayudar a los de piernas cortas a saltar cuando es necesario. Ayudar a combatir las debilidades, no combatir al débil.

Por lo demás, si alguien del grupo decide detener al resto o se interpone con el objetivo común, es de justicia que sea apartado del grupo. Ya sabemos lo que le pasó a Boromir…

Frodo con el dilema de la destrucción del anillo (P. Jackson, 2003)
3º Con un objetivo común: no un límite, sino un motivo.

El objetivo común normalmente es el que motiva la creación del grupo. La Comunidad del Anillo fue creada para destruir el Anillo Único -reliquia del poder del mal-.

Los miembros del grupo, su estructura jerárquica, sus métodos (las diversas formas de caminar), sus interacciones, su ruta… todo está determinado por el objetivo común.

Este objetivo, por supuesto, no es una camisa de fuerza que determina de forma unívoca todos los esfuerzos. Debe permitir un amplio margen para la creatividad de los individuos que componen la Comunidad. Así, el objetivo general da sentido y enmarca el esfuerzo creativo de sus miembros. De lo contrario se cae en un absurdo totalitarismo y la narración -la historia- se convierte en un trámite burocrático.

4º Las diferencias que enriquecen la comunidad, no las que dividen.
La comunidad del Anillo frente a Elrond (P. Jackson 2001)

En la Comunidad no sólo se permiten las diferencias, sino que incluso deben fomentarse. La uniformidad puede incapacitar el esfuerzo creativo y puede impedir una suma de fuerzas que no sea sólo en cantidad, sino también en cualidad. Gimli es un hachero y domina la cultura de los enanos, Legolas un príncipe elfo muy habilidoso con el arco… y así sucesivamente.

Los aficionados a los (vídeo) juegos de rol saben que esto es importante. En tu equipo necesitas a personas que sepan pelear cuerpo a cuerpo, pero también francotiradores, alguien que pueda curar, alguien que pueda cubrir a los más débiles en momentos de peligro, etc.

No hablo sólo de diversidad cultural, de idiomas, de habilidades, de temperamentos… es más que eso. Hablo de una voluntad genuina de aceptar la riqueza personal que tiene el otro y yo no. Apreciarlo, ofrecerle mis puntos fuertes y ayudarme de los suyos. Esto es el primer paso para transformar la tolerancia en comunión.

Legolas y Gimly llegan a Valinor, Ted Nasmith
5º Transformar la tolerancia en comunión.

Se tolera a las personas con las que no se congracia. Es decir, “tolero” a una persona cuando, a pesar de caerme mal o de serme inútil, acepto que se siente a mi lado. Eso no es hacer Comunidad.

Así empieza, quizá, el recorrido de dos de los miembros de la Comunidad: Gimli y Legolas. Los enanos y los elfos no suelen ser los mejores amigos en la Tierra Media concebida por Tolkien. Son dos razas que han tenido muchas tensiones a lo largo de su historia. Que han llegado a atacarse unos a otros.

Pero Gimli y Legolas logran superar esas diferencias (diferencias incluso culturales e históricas), por el servicio a los demás. Combaten hombro a hombro, y juntos recorren la Tierra Media de extremo a extremo para ayudar a la Comunidad a lograr su objetivo.

En un momento dado en ese viaje inesperado, la animadversión se transforma en amistad. Así de simple: la tolerancia en un mal necesario se transforma en una genuina comunión. Me gusta pensar que buena parte del triunfo en la misión de la Comunidad se debió a que ese conjunto de nueve desconocidos se transfiguró, en medio de las aventuras, en un grupo de buenos amigos.

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