El blog de Javier Rubio

¿Qué es la felicidad para… Plotino?

Felicidad para el filósofo, el músico y el enamorado

Plotino heredó el platonismo de su maestro, Ammonio de Sacca. Su pensamiento está orientado hacia la felicidad. Y esa felicidad está entendida en clave vertical, ascensional: el hombre se encuentra en un estado de miseria pero puede elevarse hacia el bien supremo. Me explico.

Los herederos de Sócrates.

Los herederos del pensamiento de Sócrates no separaban el ámbito de la moral (actuar bien), del ámbito existencial (la forma de existir propia de las personas, los árboles, el cosmos entero). Distinguían, sí, pero no separaban. En el fondo para todos ellos llegar a ser feliz consistía en llegar a “ser” en plenitud. Para llegar a “ser” en plenitud había que lograr cumplir los actos más perfectos según la naturaleza humana. Decimos que los hombres son “buenos” cuando actúan bien. Por lo tanto los actos más perfectos (los mejores) son los actos que cumplen el bien más elevado.

La meta del hombre es el bien. Ésta sea, quizá, la semilla fundamental del pensamiento de Sócrates.

Hasta ahí todos de acuerdo. Lo que no quedaba nada claro era en qué consistían los actos más perfectos para el hombre. Qué acto nos hacía ser mejores personas, nos hacía ser felices.

Plotino, siguiendo al bueno de su maestro, se suma a la escuela de Platón. Todos nos acordamos del mito de la Caverna… El hombre vive atado a la materialidad ciega y oscura del interior de la caverna, hasta el momento en que empieza a preguntarse por el origen de la luz. Entonces se pone en pie y comienza el ascenso fuera de la caverna. En el exterior encuentra todo tipo de reflejos de la luz, hasta que da con el origen mismo de la luz: el sol. Ese es el filósofo. Una vez descubierto el sol, debe volver a la caverna para tratar de ayudar a otros hombres a escapar.

La felicidad = elevación creativa, prudente, sabia, científica y contemplativa hacia el Bien.

Plotino descubre en el planteamiento fundamental del platonismo una idea que vertebrará toda su propuesta: en el hombre hay un principio que lo impulsa a elevarse, y ese principio es contrario a las fuerzas de la materia, que intentan hundirlo en el mal. Para Plotino, por lo tanto, no existe dualidad vida-bien, muerte-mal; pues una vida hundida en la materialidad es perversa.

Por eso rechaza las propuestas de felicidad facilitadas por el hedonismo, el epicureísmo o incluso el estoicismo. La felicidad no puede consistir en una especie de “mejor vida” o de “vida buena” entendida como una “satisfacción personal” alcanzada por el placer, la imperturbabilidad o la consecución de los propios fines. Esta satisfacción, si acaso no debe ser más que una mera consecuencia.

La felicidad consiste en el camino virtuoso de elevación. Una elevación lograda por medio del “lógos”. Es decir, un camino intelectual que implica tanto el poder creativo como la prudencia en el obrar o la contemplación del bien. No es mera racionalidad. Es más: es arte, es sabiduría, es ciencia, es contemplación del bien sumo.

Y es un camino virtuoso, esforzado, por las laderas de la montaña del ser en busca del sol: el Uno que es el Bien. Por lo tanto, es un camino que debe dejar de lado los gustos personales, los placeres carnales o los vicios, porque todos ellos suponen un peso, un lastre que impide el ascenso.

¿Quiénes lo logran?

Plotino lo tiene muy claro: sólo tres tipos de personas logran la felicidad plena. Sólo tres tipos de persona llegan -al menos alguna vez en la vida- a asomarse al sol deslumbrante del Bien. Estos son:

a) Los músicos, es decir: los artistas. Porque los músicos buscan la belleza y tratan de entretejerla por medio de la técnica y con creatividad. Y la belleza es un camino de elevación hacia el bien. Pero el músico debe cuidarse de no dejarse arrastrar por la materialidad de su propia obra, ni debe embelesarse de la belleza en sí. La belleza debe ser siempre un camino para ser mejores.

b) Los enamorados. Porque los enamorados buscan unirse a la belleza y al bien que aman. Pero el verdadero enamorado no ama sólo el cuerpo, sino que busca más allá. El camino del enamorado debe ser el de la ascensión: del encuentro material a la búsqueda de lo intelectual, siempre teniendo como meta el Bien.

c) El filósofo«El filósofo nato, ése está ya listo y como provisto de alas y no necesitado, como esos otros, de un proceso de separación, pues está en marcha hacia lo alto; pero, en su desorientación, necesita tan sólo de un guía» (Enéada I, IV, 3). El filósofo, en su búsqueda de la verdad, debe conservarse siempre como un hombre virtuoso.

Pero yo no soy ni músico, ni estoy enamorado, ni soy filósofo…

Pero puedes ser las tres cosas… En el fondo todos lo somos. Sólo debes procurar cambiar la forma de ver tu vida. Transformar tus quehaceres, tu vida, tus relaciones, tus pasatiempos, a la luz de estos tres grandes ideales: la búsqueda de la belleza -la creatividad-; el camino del amor -descubrir más allá de las apariencias-; y la pasión por la verdad -querer saber más y mejor, no contentarse con explicaciones a medias-.

Plotino te recomendaría que no te contentes nunca con lo que tienes, pero tampoco infravalores. El camino hacia el Bien lo debes recorrer tú, pero no necesariamente solo. La meta no está en ti, pero tampoco está en las cosas materiales. No está en la satisfacción inmediata.

Se encuentra en el sentido que le das a tu vida: un sentido que debe ser de elevación, de “transformación positiva” de todas las cosas según los cánones de la belleza, según el mandato del amor y según la sana curiosidad por la verdad.

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