El blog de Javier Rubio

Comentario sobre “Tres Escritos sobre la Universidad”, por Miguel Rubio Hípola (3 de 3)

Comentario sobre las ideas de Guardini acerca de la Universidad

Es muy interesante la aplicación que el autor es capaz de hacer sobre el derecho, a partir de su razonamiento de que la verdad se está perdiendo en el ámbito universitario. Básicamente, enuncia que se ha ido progresivamente deteriorando ese sentido de la justicia y que el derecho se conduce más a lo que dicta la ley. Esto es lo que se conoce como “positivismo”, cuyo principal abanderado es Hans Kelsen, que aseguró que no tiene sentido buscar la justicia, dado que es un ideal inalcanzable.

El derecho, para Kelsen, en líneas básicas, era aquello que dictaban los legisladores, es decir, la ley. Una ley era inválida o nula solo si no era aprobada siguiendo el procedimiento, con independencia de lo que legislase dicha ley. Aquí podemos ver claramente como la pérdida de la búsqueda de la verdad nos lleva a unos extremos casi absurdos. El positivismo puro, aquel que Kelsen propuesto, está superado, pero una derivación del mismo algo más moderada es el sistema que impera en todos los tribunales europeos.

La pérdida de la búsqueda de la verdad nos lleva a unos extremos casi absurdos.

Esto nos puede servir también para ver las diferencias existentes entre unas universidades y otras, pues en las universidades de corte católico se debería impartir el modelo propuesto por el realismo clásico y no por el positivismo, tal y como se hace en el resto de universidades. El realismo clásico, como habrá podido deducir el lector, es la propuesta contraria al positivismo, es decir, se rige por una búsqueda de lo justo para cada caso concreto, sabiendo que la ley contiene imperfecciones y que muchas veces enuncia generalidades que no pueden ser aplicadas sin cometer evidentes injusticias.

Podemos ver claras las diferencias existentes entre un modelo de universidad y otro. Por tanto, a mi modo de ver, llegamos a la conclusión de que, en nuestro país, hay dos grandes bloques diferenciados de modelos universitarios: aquel que tiene en cuenta, aunque sea de manera leve, la importancia de la verdad y el conocimiento en el rol de la universidad y otro gran bloque que no, y se deja llevar por las tendencias sociales y los cambios que estas proponen. Este es el caso de la gran mayoría de universidades públicas, sobre todo en los grados más técnicos, como, por ejemplo, las diversas ingenierías.

El realismo clásico se rige por una búsqueda de lo justo para cada caso concreto, sabiendo que la ley contiene imperfecciones y que muchas veces enuncia generalidades que no pueden ser aplicadas sin cometer evidentes injusticias.

Por último, para concluir con la exposición, me gustaría abordar la idea del ámbito de libertad existente en las universidades, que el autor define así en su segundo escrito: “La etapa de la universidad constituye por lo general en el trecho vital entre la escuela y la profesión. Ciertamente exige disciplina y rendimiento, pero a la vez tiene el carácter de una libertad peculiar. La escuela, con sus coerciones, ha pasado; la profesión, con su rigor inexorable, no es todavía. Así se abre una posibilidad de encontrarse con cosas, personas ideas a partir de un pulso interior”.

Es cierto que un universitario suele ser una persona joven, que todavía tiene mucho camino por recorrer. La universidad, como menciona Guardini, proporciona al universitario una gran cantidad de experiencias y conocimientos nuevos, independientemente de qué universidad sea la escogida por el estudiante. Para ello, precisa de una responsabilidad y una libertad, que, como menciona Guardini, no se dan en la etapa del colegio o instituto y no se dará a la hora de desempeñar tu profesión, a pesar de que es cierto que hay exigencia y requiere esfuerzo por parte del alumno. En definitiva, si nos atenemos a lo que dice Guardini, los universitarios contamos con tiempo y energía y, en teoría, motivación, con un cierto esfuerzo.

Sin embargo, no siempre es así. Como la mayoría de generalizaciones, esta es concreto se equivoca, dependiendo de la universidad en la que se aplique. El ejemplo que me viene a la mente es el de la universidad Francisco de Vitoria, pero, por mi experiencia, podemos decir lo mismo de la universidad de Comillas. En estas dos universidades, que seguro que no serán las únicas, la presencia del alumno no es optativa; son universidades presenciales.

“La etapa de la universidad constituye por lo general en el trecho vital entre la escuela y la profesión. Ciertamente exige disciplina y rendimiento, pero a la vez tiene el carácter de una libertad peculiar”.

Con lo cual, parte de nuestro tiempo se ve absorbido por la asistencia a las clases. Además, en nuestro caso particular, el hecho de estudiar un doble grado unido a la aplicación del plan Bolonia desde hace unos años, reduce aún más nuestro ya mermado tiempo, dado que es preciso hacer numerosos trabajos y, por supuesto, estudiar. Si a eso le sumas las actividades deportivas y sociales, que no son precisas, pero sí recomendables, nos encontramos con una pequeña diferencia entre lo que propone el autor y la realidad. “Peculiar” es la palabra que yo también usaría, pero en un sentido algo diferente. Con lo cual, para estos casos particulares mencionados, considero que Guardini se vería obligado a reformular su afirmación.

Como conclusión, solo me queda aclarar un par de cuestiones: en primer lugar, quiero recalcar que considero que Guardini tenía razón en muchas de sus ideas y argumentaciones, pero en la aplicación de los principios se ha quedado algo atrás, como es natural, en su propuesta de lo que debería ser una universidad. Es cierto que muchos de los problemas que menciono y describo ya fueron esbozados por el autor. No obstante, como es natural, Guardini no pudo prever todos los cambios que ocurrirían a lo largo del siglo XX y principios del XXI, con especial mención a la Guerra Fría y lo que podemos llamar la Tercera Revolución Industrial, ese cambio tecnológico tan drástico que ha ocurrido en las últimas dos décadas y que continúa provocando innovaciones y variaciones.

Guardini tenía razón en muchas de sus ideas y argumentaciones, pero en la aplicación de los principios se ha quedado algo atrás.

También me gustaría aclarar, por si no lo he hecho suficientemente bien con anterioridad, que, en el caso del capitalismo, considero que es el mejor sistema económico de todos los que ha habido a lo largo de la historia. Mucho mejor, desde luego, que el comunismo. Sin embargo, no me parece tan bien todas las ideas consumistas y materialistas que vienen ligadas al sistemas mencionado. Considero que son parte del problema, pero lo cierto es que puede que el sistema en sí no se sostuviese sin este apoyo, con sus consecuencias.

Me resulta muy interesante como Guardini enuncia en pocas problemas lo que es el mayor problema del derecho en nuestros días, es decir, esa aplicación de la ley sin tener demasiado en cuenta lo que es justo. No obstante, también es algo frustrante que lo enuncie sin más, sin dedicarle demasiado espacio. Al fin y al cabo, el derecho es una de las disciplinas que acompañan a la universidad desde sus inicios, y creo que el autor podría haber hecho una valiosa aportación.

Es, en conclusión, una obra que contiene unas ideas y opiniones que reflejan de manera muy acertada la situación de la universidad y sus problemas en el siglo XX, muchos de los cuales lo siguen siendo en estos años, pero, desde mi punto de vista, requiere, ciertas correcciones y matizaciones en determinados argumentos y opiniones.

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