El blog de Javier Rubio

Comentario sobre “Tres Escritos sobre la Universidad”, por Miguel Rubio Hípola (2 de 3)

Comentario sobre las ideas de Guardini acerca de la Universidad

Segunda parte del artículo de mi hermano Miguel sobre la universidad. Para ver la primera parte, sigue el enlacehttp://tuopinionmisideas.com/2017/02/16/comentario-tres-escritos-la-universidad-miguel-rubio-hipola-1-3/ 

Pues bien, a mi entender, el problema tiene origen en el siglo XVIII, con el nacimiento y la expansión de la Ilustración y sus preceptos. Esta época fue precursora de un sinnúmero de consecuencias positivas, tales como la supremacía de la razón sobre las monarquías absolutas, que iban corrompiéndose a marchas forzadas, y fue el heraldo de los grandes cambios mecanizados, que acabarían con aparatos tan prácticos como el ordenador en el que escribo estas palabras, un prodigio tecnológico que apenas alcanzo a entender. Pero también tuvo un gran número de consecuencias negativas, como la elevación de las ciencias naturales por encima de todas las demás, y, con ello, el origen de muchos problemas de diversas características.

Sospecho que es un tema que se ha tratado en un gran número de obras. Le dedico un espacio en este trabajo porque considero que eso que empezó de forma tímida en el siglo XVIII ha alcanzado unas dimensiones incontrolables a día de hoy. Las ciencias naturales son una deidad, y el método científico es su profeta. No hay sitio para más. Es una religión monoteísta, en la que todas las demás ramas del conocimiento se ven apartadas o incorporadas a este nuevo Leviatán. Sin embargo, este proceso ha sido lento, meticuloso y preciso. Y, ¿qué mejor manera de perpetuar y fortalecer esta situación sino es apartando la verdad del mundo universitario?

Las ciencias naturales se han convertido en una deidad, y el método científico en su profeta. No hay sitio para más.

El temor de un sacerdote italiano-alemán es ahora una certeza. La pregunta no solo es cómo se puede reincorporar la verdad a este esquema, si no si se puede emprender ese proyecto que se antoja inabarcable. ¿Cómo derrotar a semejante monstruo? No tengo una respuesta. Las pocas universidades que resisten esta marea en nuestro país son de corte católico, con asignaturas como a la que va dirigida este trabajo. Y, a pesar de ello, en la presa que estas universidades tratan de construir, aparecen fisuras. Los alumnos restan importancia a asignaturas como esta, dándosela a otras que consideran que realmente le serán útiles en su futuro profesional.

Sin ir más lejos, esta universidad, la Universidad Francisco de Vitoria no cuenta con una facultad de teología ni de filosofía, y mi impresión es que las asignaturas se aprueban o se suspenden si el alumno es capaz de identificar o no el sistema que sigue la asignatura y lo cumple. Pongamos un ejemplo: Para aprobar derecho político, el alumno precisa de un manual que le es entregado por la profesora. Debe, además, aprobar dos exámenes de carácter oral y realizar dos trabajos.

Sin ir más lejos, esta misma universidad, la Universidad Francisco de Vitoria no cuenta con una facultad de teología ni de filosofía.

Podemos observar una metodología muy sistemática, que, en mi opinión, se parece de forma sustancial al esquema del método científico. Sigues unos pasos y obtienes un nuevo teorema, una nueva teoría matemática, o, como en este caso, una nota, que será mayor o menor dependiendo del talento del alumno. Pero no nos confundamos; si sigues el sistema, aprobarás. Lo que separa a un alumno sobresaliente de uno que roza el notable es su talento particular. Esto lleva a los alumnos a preocuparse de seguir el sistema y sacar el máximo rendimiento a su esfuerzo, es decir, hacer que su esfuerzo sea útil. No quiero decir con esto que cualquier proceso que siga unas pautas tenga que estar necesariamente ligado a las ciencias naturales, pero la penetración de éstas en las aulas universitarias me parece una presunción “iures et de iure”, esto es, que no admite prueba en contrario.

Una vez aclarado esto, es preciso detenerse en el concepto de la utilidad. Evidentemente, la verdad es algo útil. No tiene sentido negar esta afirmación que tan rotundamente hago. Pero no solo es útil, sino que es mucho más, es necesaria, es bella y engloba todo lo que el ser humano ha buscado a lo largo de la historia. Esa verdad es entendida para los católicos o en general, para las personas que creen en un ser superior, como ese ser superior. En el caso concreto de la religión que el autor del libro y yo compartimos es algo obvio, pues así lo expresa el propio Jesucristo en las Sagradas Escrituras: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

Evidentemente, la verdad es algo útil. Pero no solo es útil, sino que es mucho más, es necesaria, es bella y engloba todo lo que el ser humano ha buscado a lo largo de la historia.

El problema que surge aquí es casi innecesario nombrarlo, pero lo podemos resumir en una pregunta: ¿qué ocurre en el caso de que no creas en Dios? Pues a esto es a lo que nos conduce la sociedad. El ateísmo se expande en todas los países, en todas las capas sociales, apoyado por los elementos que ya he mencionado e incluso provocando algunos de ellos, como el relativismo moral. Esta es la parte esencial del conflicto, pues ¿quién es capaz de encontrar la verdad sin pasar por la existencia de Dios? Ante esto la solución que quiere aportar la sociedad actual no puede ser más simple y a la vez más compleja, esta es, eliminar a Dios, relegando todas aquellas ramas del conocimiento que lo estudien al ámbito de lo “inútil”, y poniendo por encima de ellas a las carreras realmente “útiles”, que te darán de comer el día de mañana.

Esto no es una teoría de un alumno de Excellens de La Universidad Francisco de Vitoria. Esto está pasando día a día. La publicidad, los medios, los líderes políticos, los grandes lobbies, etc. hacen que esto sea cada vez menos una ficción y más una realidad. Sin embargo, disiento con el autor en que los medios de comunicación de masas, que ya se empezaban a dejar ver en sus días, sean algo negativo. La cantidad de aplicaciones que tienen los nuevos avances de la tecnología y la comunicación son algo maravilloso, que ha hecho que todo esté mucho más cerca y al alcance de muchas más personas. Sería interesante ver qué opinaría Guardini a día de hoy sobre este tema.

La cantidad de aplicaciones que tienen los nuevos avances de la tecnología y la comunicación son algo maravilloso. Sería interesante ver qué opinaría Guardini a día de hoy sobre este tema.

Ese también es uno de los grandes puntos que el autor no puede tener en cuenta en su visión de la universidad, pues no era ningún profeta. Y, si bien es posible argumentar que han hecho que el mensaje que proponen estas tendencias ateas se expanda más rápido, también ha facilitado y facilita un gran número de obras positivas. Sin salirnos demasiado de contexto, ahora tenemos la educación a distancia, y la cantidad de documentos e información al alcance de cualquier persona hacen que toda la forma de entender la enseñanza haya cambiado de forma radical y, en muchos sentidos, de maneras mucho más eficientes, como el uso de una base de datos.

Por supuesto, hay un gran número de consecuencias negativas, como el hecho de que la pornografía jamás había sido tan accesible, incluso para los niños más pequeños. Como todo aquello que lleva la firma del hombre, hay errores, pero considero que las ventajas superan ampliamente a las desventajas.

Otro punto a discutir sería esa necesidad que el autor expresa en su obra al dejar caer que quizás sería necesario limitar la entrada de alumnos a la universidad. Y me veo obligado a matizar esta propuesta. Primero, porque no se me ocurre una forma de hacer esto sin que exista la posibilidad de excluir a personas que realmente quieran estar en la universidad y estudiar. Considero que es necesario poner un filtro a la entrada a las universidades, pues hay no pocas personas que comienzan a estudiar un grado por orden de sus padres, por presión social o, simplemente, por continuar la tendencia de sus amigos o seguir el ejemplo de sus hermanos. Personas, que, en definitiva, no quieren estudiar, y que, en muchos casos de forma involuntaria, molestan e interrumpen el progreso y el aprendizaje de sus compañeros más dispuestos. Estos chicos y chicas, o más bien, hombres y mujeres, podrían ponerse a trabajar o dedicarse a lo que les plazca, pero sin molestar a los que de verdad quieren aprender.

Con la tecnología pasa lo mismo que con todo aquello que lleva la firma del hombre: hay errores. Pero creo que las ventajas superan ampliamente a las desventajas.

Sin embargo, soy incapaz de imaginar un sistema infalible, y tampoco uno que acierte la mayoría de las veces. Una solución casi fantasiosa a este problema sería concienciar a todos los alumnos que se preparan para entrar en la universidad lo que de verdad significa ser un universitario, pero es una medida que considero que seguiría sin dar demasiados frutos y que, reitero, suena a ciencia ficción. Por otro lado, estaríamos en cierto modo discriminando a aquellos que no son “útiles” para estudiar, es posible que cayendo en el mismo error que ocurre cuando se aparta a las asignaturas como la teología de la universidad. Se trata de una comparación absurda, pues, en muchos niveles, una cosa no tiene nada que ver con la otra, pero creo que ilustra bien lo que quiero expresar.

Sin embargo, sí que parece que se rechaza a estas personas, que, por otro lado, suelen ser más que las que están dispuestas a estudiar, y, a niveles prácticos, son las que consiguen que las universidades persistan con sus pagos. Además, teniendo en cuenta los niveles de población, no resulta concebible una universidad, tal y como la entendemos ahora, que solo acepte a aquellos dispuestos a estudiar. Podría existir la posibilidad de crear una especie de universidad “paralela” o unas escuelas técnicas que se encargasen de la formación de estos alumnos, en el caso de que no cambiase la concepción actual de que todos o casi todos los bachilleres deban estudiar un grado.

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