El blog de Javier Rubio

Comentario sobre “Tres Escritos sobre la Universidad”, por Miguel Rubio Hípola (1 de 3)

Comentario sobre las ideas de Guardini acerca de la Universidad

Guardini, Romano (17.2.1885 bis 1.10.1968) Katholischer Theologe und Religionsphilosoph.

A continuación presento un artículo escrito por mi hermano Miguel sobre el libro “Tres Escritos de la Universidad”, de Romano Guardini. Miguel se encuentra en su primer año de universidad estudiando “Excellens” en la UFV (grado en derecho y en ADE).

Por la extensión, lo he debido dividir en tres partes, que presentaré en tres días seguidos… Merece la pena. Espero que os guste.

En primer lugar, antes de comenzar con la discusión, me veo obligado a resaltar que me encuentro en una situación ventajosa con respecto al autor, que responde a varios factores: El primero de ellos es que el autor, a pesar de que vivió en el siglo pasado, en lo que concierne a tecnología y avances científicos parece de hace tres siglos y no de hace unos años. La cantidad de cambios y diferencias que hay entre nuestras dos épocas hace que alguno de sus argumentos y visiones sobre el rol de la universidad en la sociedad no sean del todo válidos, puesto que su aplicación sería impensable a día de hoy. Sin embargo, esto no quita que el autor pudiese entrever el que quizás es el mayor problema en esta institución a día de hoy, que explicaré con posterioridad.

Guardini ha podido entrever el que quizás es el mayor problema de la universidad a día de hoy.

En segundo lugar, es inevitable que las horribles guerras que sucedieron en ese siglo afectasen en parte a su razonamiento, lo cual se refleja en varias ocasiones, y son muchas las referencias que hace a la Alemania nazi, y más teniendo en cuenta que su pueblo, el pueblo alemán, fue el protagonista principal de dos de las tres grandes guerras del siglo XX, y estuvo en una situación delicada en la tercera. Tengo que esclarecer que hablo de tres guerras puesto que considero que la Guerra Fría es tan guerra como las otras dos, si bien los frentes fueron distintos y las armas mucho más sutiles (o quizás no, ya que un submarino cargado de misiles no es algo que muchos considerarían como sutil). No obstante, sí que podemos decir que fue una guerra más de amenazas, espías y despachos que una guerra en la que varios ejércitos colisionan en un campo de batalla. Esta tercera guerra fue, en mi opinión, la que define nuestra época, pues consolidó al sistema capitalista norteamericano, el vencedor de la misma contra el comunismo ruso, como el sistema económico e ideológico a escala mundial, con sus correspondientes repercusiones en todos los ámbitos, entre ellos el universitario. Y hay que advertir que Romano Guardini murió antes de que esta guerra concluyese, y, por tanto, no pudo conocer al vencedor ni los efectos de esta última gran contienda del siglo XX.

Creo que estas son las razones por las que encuentro la necesidad de matizar o incluso contradecir algunas de las opiniones y argumentos del autor. Ya en la primeras páginas encuentro un motivo para pararme y reflexionar, al observar una rotunda afirmación sobre lo que el escritor llama “el fin último” de la universidad: “Conocer la verdad, y precisamente por sí misma” . No discuto de momento que conocer la verdad sea el fin de la universidad, pero sí que me choca que el autor asegure que el fin de la universidad es conocer la verdad y no concrete nada este concepto, es decir, no nos esboce al menos la verdad que en teoría debería ser buscada. En una época donde queremos respuestas y, cuanto más rápidas y precisas, mejor, este fin se antoja inalcanzable.

En una época donde queremos respuestas y, cuanto más rápidas y precisas, mejor, este fin  -“Conocer la verdad, y precisamente por sí misma”- se antoja inalcanzable.

Y, ¿por qué considero la búsqueda de la verdad como un concepto ideal más que real en nuestros días? No me queda más remedio que explicarme: Si consideramos que la verdad que buscamos es Dios, y que podemos llegar a ella desde muchos caminos, sí, estoy de acuerdo con que ese debería ser uno de los fines de la universidad. Quizás incluso el más importante, pero no el único ni el último, pues una de las grandes tareas de la universidad es la de formar profesionales. Es necesario que existan doctores, abogados, investigadores, profesores, filólogos… Ni siquiera en su origen las universidades poseían solo la rama de la teología, sino que englobaba también otras como el derecho. Con esto no quiero decir que no sea necesario que esta búsqueda esté presente de forma complementaria en todas las carreras universitarias, pero su objetivo principal debe ser la formación de profesionales, por mucho que sea cierto que al estudiar cualquier tipo de conocimiento no estamos más que viendo diferentes partes de ese gran todo que conforma la verdad. Y no es una idea contraria al pensamiento del autor, pues el propio Guardini reconoce que es importante la tarea de la formación de diferentes profesionales, pues nadie querría que un filósofo le operase del corazón.

El objetivo de la universidad principal debe ser la formación de profesionales, por mucho que sea cierto que al estudiar cualquier tipo de conocimiento no estamos más que viendo diferentes partes de ese gran todo que conforma la verdad.

Y si yo, teniendo en cuenta mis creencias como católico, pienso de este modo, ni que decir tiene de los que provienen de un ambiente o bien opuesto, o simplemente diferente al mío, consideren esta afirmación como algo casi absurdo. La influencia de las ciencias naturales y el método científico, así como el relativismo, han hecho mella en la sociedad. Ya no se puede presuponer que la gente busca el conocimiento por el conocimiento; no nos engañemos. El temor de Guardini se ha convertido en una realidad que tiene unas profundas raíces en el hombre del siglo XXI, es decir, no buscamos el conocimiento por el placer de conocer, sino para usarlo en la búsqueda de un fin concreto, un fin “útil”, como puede ser un trabajo o un puesto concreto en el mundo. Esto, a mi entender, se ha visto favorecido por el triunfo del capitalismo no solo como sistema económico, sino también ideológico, pero el capitalismo no es la causa de todos los males. El mercado exige trabajadores, y eso es lo que el mercado tendrá. No hay lugar para los filósofos y los teólogos en este nuevo orden, salvo en los puestos de los departamentos de Recursos Humanos de las diferentes empresas o para impartir humanidades, lo cual engloba un conjunto de conocimientos que no están muy de moda últimamente, puesto que sus conocimiento no sirven a la sociedad para ganar un litigio o realizar una buena inversión.

Admitámoslo, los jóvenes que entran en la universidad no buscan conocer la verdad del derecho o del mundo de la empresa, o de cualquier otro ámbito. Buscan unos conocimientos que les permitan ganar mucho o poco dinero en el futuro, pero realmente no les interesa tanto el camino, sino el fin (en la mayoría de los casos). Me explico: un estudiante medio ya no busca conocer el derecho, por ejemplo, por la belleza que hay en esta rama del conocimiento, ni lo estudia con la intención de enriquecer sus conocimientos. Su objetivo es pasar con más o menos dificultades por un grado con mayor o menor exigencia para alcanzar el codiciado puesto en una gran multinacional, al frente de un hospital o, continuando con el ejemplo anterior, como socio de un prestigioso bufete de abogados, y, si puede ser americano, mejor, y así satisfará sus deseos provocados por las series procedentes de la tierra de las oportunidades. Tal y como decía aquel anuncio de la lotería, no tenemos sueños baratos, en lo que a lo material se refiere.

Admitámoslo, los jóvenes que entran en la universidad no buscan conocer la verdad del derecho o del mundo de la empresa, o de cualquier otro ámbito.

Y ¿por qué se ha degradado tanto en tan poco tiempo ese ideal de búsqueda de la verdad? Pues el problema que empezaba a vislumbrar Guardini en su época, que no fue hace tanto, es ahora una realidad: las universidades se aproximan a una velocidad vertiginosa, y sin aparente forma de parar esta marcha, a ser escuelas técnicas. Esto me planteaba nuevas dudas, ya que no lograba discernir si esto es algo que pueda cambiarse o es algo que nos arrastrará hagamos lo que hagamos. Sin embargo, la conclusión a esta pregunta me parece ahora evidente. Es, de manera llana y simple, lo que exige el mercado, y, mientras lo exija, así será.

Me gustaría aclarar que no pienso que el capitalismo sea un invento americano del siglo XX, y que, ni mucho menos, sea la única fuente de estos problemas, pues, como he mencionado, el ideal capitalista unido al relativismo moral y a la imposición de las ciencias naturales sobre todos los demás conocimientos, así como el materialismo, son todos los causantes de esta situación. No solo esto, pero el capitalismo como sistema económico me parece el mejor que ha conseguido idear el ser humano hasta la fecha. Continuando con el argumento anterior, seguro que se me escapa alguno más de esta lista de “enemigos” de la verdad.

Es preciso que complete esto: no considero que las ciencias naturales sean enemigas de la verdad, pues son una parte de ella, pero, como explicaré, sí que considero que su elevación por encima de los demás tipos de saberes es un error. Pero es curioso que Guardini, en su obra, no crea que esto sea el problema de fondo. Afirma que la ciencia y la técnica son ahora la base de nuestra cultura, lo cual no lo ve como algo necesariamente malo (no lo es), pero lo que considera más problemático es que el ideal de científico no sea ya comparable al del sabio de la antigüedad, que el ser científico no es ya un estatus. Más bien, que los científicos son considerados mejores o peores según su rendimiento. Es decir, un buen científico es una buena máquina de trabajo.

No considero que las ciencias naturales sean enemigas de la verdad, pues son una parte de ella, pero, como explicaré, sí que considero que su elevación por encima de los demás tipos de saberes es un error.

Mi visión respecto a este tema, teniendo en cuenta mis limitados conocimientos, no me muestra que esta sea la situación. Es cierto que un científico eficaz y solvente es más apreciado a día de hoy que un menos capaz, pero esto ha sido así desde el comienzo de la humanidad en cualquier tarea. Considero que el ser un científico, es decir, un hombre de ciencia, sí que es un estatus. Creo que incluso el respeto por los especialistas es aún mayor que en algunos periodos anteriores, pues se tiene en muy alta estima a loa médicos, ingenieros y demás, y esto también se refleja en las universidades. No es lo mismo decir que estudias un grado en medicina a decir que estudias bellas artes o diseño. En la práctica, puede que tengan un valor comparable, pero el ser médico lleva un valor o un estatus añadido que un artista no tiene, lo cual muchas veces hace referencia a la dificultad que conlleva sacar ese grado, pero creo que también tiene que ver con su utilidad para la sociedad. Con ello no quiero decir que un artista sea menos útil para la humanidad que un médico, ya que ambos aportan cosas importantes, en un sentido más práctico, se considera que un médico aportará más a la comunidad.

Para seguir leyendo la segunda parte, sigue el enlace: http://tuopinionmisideas.com/2017/02/17/comentario-tres-escritos-la-universidad-miguel-rubio-hipola-2-3/

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