El blog de Javier Rubio

La la land: las historias también importan

Escuchaba hace poco una entrevista en la cadena COPE sobre la película “La la land“. Me llamó entonces mucho la atención que el crítico de cine que participaba en la entrevista no hizo, en realidad, crítica alguna.

La etimología de la palabra “crítica” es interesante. Proviene del griego y se vincula con el ejercicio del juicio, entendido  como “separación” o”decisión”. Puede decirse que un crítico es quien separa lo bueno de lo malo. No es una labor nada fácil. Implica la capacidad de apreciar tanto lo bueno como lo malo y, a la vez, la capacidad de separar lo uno de lo otro.

Imaginemos la escena: el juez, en su tribunal; a un lado, los miembros del jurado; enfrente, las dos partes en juicio -defensa y acusación; en el centro, la maraña indisoluble de los hechos. La labor del juez consiste en lograr discernir qué es bueno y qué malo en ese lío.

Un crítico debería ser algo así: discernir las cosas malas de las buenas. En las películas, en los libros, en el teatro, en los videojuegos o en la música.

Un crítico debería ser algo así: discernir las cosas malas de las buenas.

El crítico de la COPE criticó “La la land” con dos argumentos fundamentales: en primer lugar, se trata de una película repleta de canciones, algo que cabe esperar de un musical; en segundo lugar, es un largometraje fantasioso, poco real, nada verídico.

El primer argumento lo ignoraré. Y pienso que le hago un favor. El musical tiene un origen más noble que el del mismo cine. Es arte escénico sublimado: en un musical se armonizan la actuación, la puesta en escena, la fotografía, etc., etc., etc., con la música y la danza.

El segundo tiene tela que cortar. Me hace pensar qué cine ve este buen crítico. Supongo que principalmente películas de Almodóvar. El director culipardo tiene la gran cualidad de plasmar -tal cual- las peores realidades que pueden encontrarse en España. El resto de los directores, desde los grandísimos Ford, Kurosawa, Hitchcock o Tarkovsky, hasta los menos grandes Cameron, Jackson o Tarantino, el mismo Damien Chazelle, juegan con la fantasía.

No debemos tomarnos demasiado en serio: a todos nos gustan las buenas historias, con algo de intriga, algo de romance, algo de acción, y -también, por qué no- algo de música y de buen baile.

De hecho, tentado estoy de asegurar que todos vivimos, esperamos y hasta morimos buscando historias: leerlas, verlas y escribirlas. Más que intentar plasmar la realidad cruda -un esfuerzo estéril por la dinámica misma del arte- buscamos transformar nuestras vidas a la luz de una historia que merezca la pena. A todos nos gusta vernos como los protagonistas cósmicos de los largometrajes de nuestra vida. Somos egoístas de esa forma tan peculiar.

No debemos tomarnos demasiado en serio: a todos nos gustan las buenas historias…

La creatividad no consiste en calcar. Calcar es una técnica primeriza. La gran creatividad consiste en sentirse interpelado por la película, comprender una historia coherente, salir del cine con una sonrisa y ganas de bailar. La gran creatividad también es ser capaz de redescubrir un hecho histórico en un plató según la mirada de un gran director. Es descubrir la luz del sol en un plano fijo o sentir con viveza una experiencia de belleza musical.

De “La la land” se pueden criticar -seguramente- muchas cosas. Se pueden distinguir cosas buenas y cosas malas. No me siento cualificado para ello. Lo que está claro es que es una película que te pone una sonrisa en la cara, y que ha donado al mundo una banda sonora formidable.

Y respetemos la fantasía, la voluntad de faltar a los sucesos fríos y duros. Merece la pena ver a gente bailando por la calle. A lo mejor un mundo así sería mejor, más real y más bueno, que un mundo donde las personas no se saludan por la calle.

Además Ryan Gosling… Emma Stone…

Vamos… Id a verla. Merece la pena.

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