El blog de Javier Rubio

El insuperable padre de Tom Bombadil

Ayer, domingo 22 de enero, Pedro Pablo G. May publicaba en efefuturo.com un artículo señalando a J.R.R. Tolkien como el autor más influyente en el año 2016. El titular es algo engañoso. En realidad, como señala el artículo, se trata del resultado de la encuesta realizada por Monolitos en Júpiter durante el año 2016:

«Tolkien se ha encaramado al primer puesto como la principal influencia de autores, editores y críticos españoles del género fantástico entrevistados a lo largo de 2016 por Monolitos en Júpiter».

Antes de defender que no puede existir ninguna influencia superior a Tolkien en la novela fantástica, y que la obra del escritor surafricano-inglés supera con mucho el ámbito del género mencionado, debo hacer un breve apunte.

Defiendo la doctrina del fundamento filosófico. Ojo, nada de fundamentalismos.

El próximo párrafo te lo puedes saltar.

Se trata, en cierto modo, del razonamiento según el cual existen unas ciertas estructuras (de la realidad biológica, física, química, de la realidad en general, del pensamiento, etc.) que, una vez evidenciadas se afianzan como permanentes. Podrán cambiar los paradigmas, la materia, las circunstancias, los objetos. Pero la estructura es la misma. Se modifican los elementos, pero el esquema se repite: puedes conocer un árbol, una mesa, una ecuación o al amor de tu vida. En el fondo, la estructura de ese conocer, en su más básica expresión, es idéntica en todos los casos.

La estructura del género fantástico es Tolkien. Punto.

La ignorancia es atrevida. Pido perdón por mi ignorancia y por mi atrevimiento. Pero, por más que lo pienso, no le encuentro la vuelta. Es así de sencillo. Y punto.

El escritor inglés se tomó la genial “molestia” de escarbar hasta los cimientos de la construcción de los mitos antiguos para crear un mito nuevo. El mito de Inglaterra. El mito que pudiera soportar el nacimiento y desarrollo del idioma élfico.

En tal genial -insisto- proceso creativo, Tolkien sacó a la luz algo que yacía empolvándose a lo largo de los siglos desde que se apagó la voz de Homero: la épica. Con un matiz: la épica de Tolkien es pre-cristiana, sin duda, pero su autor era profundamente cristiano. Lo cual, en mi opinión, no hizo sino acentuar la capacidad de fundamentación a un plano al que Homero tampoco pudo acceder por su situación histórica: el de la teología.

En definitiva: John Ronald Reuel tocó fondo, caballeros. Haced cuantas encuestas queráis. Me resulta indiferente el resultado. Porque el resultado de una encuesta sólo manifiesta una opinión generalizada. El hecho de que una opinión generalizada coincida con la verdad es, como se dice, mera coincidencia.

Lo más gracioso del hecho es que el padre de Tom Bombadil, al consagrarse como modelo clásico y universal de la literatura fantástica, al aparecer como el único continuador de la épica que se acerca a Homero, termina elevándose a un plano completamente distinto. Muy superior a la misma novela fantástica y a la épica. Muy superior, quizá, al mismo Tolkien. La “teo-épica” sólo puede compararse con la “teo-dramática” (versión cristiana de la tragedia original), o con la poesía mística.

Tolkien es el modelo de todos los de después porque comprendió las causas de todos los de antes. El resultado de la subcreación es algo que supera al subcreador.

Por más que le pese al constructor de mundos ateos, arquitecto de guerras infames por un trono de muerte. (Nunca he entendido ¿por qué se llama “juego”?).

Por lo demás, Asimov, Ende y Lovecraft también son muy recomendables.

Perdón por el artículo. Esta diarrea mental de los lunes por la tarde…

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