El blog de Javier Rubio

Blue monday o por qué existen poderosas razones para ponerte triste un día concreto al año, aunque no quieras

Hoy he tenido el grandísimo descaro de encontrarme de lo más animado todo el día.

En mi defensa, debo decir que no había sido debidamente informado de que hoy era el “blue monday“, el día más triste del año. De haberlo sabido hubiera puesto antes el pie izquierdo que el derecho al salir de la cama.

Miento: me caracterizo por no ser una persona particularmente aguda en los primeros instantes del día. Probablemente puse el pie izquierdo y, sin querer, he estado alegre todo el día. Me siento un rebelde alzándome contra las corrientes del mundo. Pie izquierdo y contento, ¡qué narices!

Además hacía sol. Esa luz que tiene Madrid en esta época del año: fría y frágil, como si fuera de cristal… Con ese sol, con ese cielo, con esas nubes… ¿quién puede vivir enfadado o triste? Ahora que lo pienso, en realidad tengo razón yo y no el mundo. Si hubiera querido estar triste, no habría sido capaz. Y dice el adagio latino que “ad impossibilia, nemo tenetur“. Que es como decir: si no se puede, no se puede.

De nuevo pido perdón. Hoy había que estar triste. No hay excusa que valga.

De hecho, me consta que mucha gente ha estado triste hoy. Algunos por cosas que merecían la pena. Hacia ellos va mi más sentido deseo de que mañana sea mejor.

Otros, en cambio, han tenido el buen gusto de ponerse triste porque tocaba. Algo hay de ancestral o de tribal en ese esfuerzo por cumplir con la liturgia que marca el calendario. Con la diferencia, quizá, que los hombres de las tribus nunca harían un día dedicado a la tristeza. Días de la fertilidad, seguro. Días de banquetes, de bailar alrededor del tótem en taparrabos, de aullar con los lobos a la luna azul… y mucho más.

El ser humano es así de creativo

Lo del día de la tristeza es demasiado sofisticado y muy poco mistérico. No me imagino a un hombre de las cavernas renegando de ese frío día, a un mes pasado del solsticio de invierno, pintando de mal carácter los ciervos cazados el alegre día anterior.

Pero, claro. Es que ellos no tenían el “blue monday“. Cogemos un color, se lo ponemos a un día de la semana, lo traducimos al inglés (que en chino mandarín, al parecer, suena fatal) y ¡Hala! ¡A ponerse tristes!

¡No! ¡No es por eso! ¡Eso sería grande! ¡Poético! ¡Ambicioso! ¡Casi literario! Hablaríamos de “mercoledí rosso“, de “jeudi mauve“, o de “dydd Sadwrn melyn” (sábado amarillo en galés, no podía faltar).

¡Por desgracia, no!

Este lunes ha sido azul y ha sido triste porque así lo han dicho las encuestas…

Esas malditas tiranas que deciden cuándo ponernos tristes y cuándo ponernos alegres…

Atribuyen al presidente Disraeli la famosa cita: “Hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las Estadísticas”.

Se equivoca usted, señor Disraeli. Hay tres tipos de estupideces: “La imbecilidad, la imbecilidad profunda y las estadísticas”.

Hagamos un favor al mundo y corramos un tupido velo sobre lo del “blue monday“. Mejor una pared de piedra. O mejor todavía: que sea día nacional en el Principado de Elba y dejadnos a los demás en paz.

Leave A Reply

Your email address will not be published.