El blog de Javier Rubio

La metafísica del hortelano

El otro día me dijo un amigo que iba a seguir el consejo de Tomás de Kempis: quitarse un vicio al año para llegar pronto a ser perfecto.

A mí siempre me ha parecido que la frase se queda muy a medias. Como principio metodológico es muy sabio: concentrar los esfuerzos en superar un vicio en un año seguramente será mucho más eficaz que desperdigar las fuerzas en muchos campos de batalla distintos. Pero como valor me sabe a poco.

Creo que existe un cierto tipo de ascético de entender la vida de origen gnóstico. Los gnósticos pensaban que en el mundo existen dos fuerzas reales: el bien y el mal. Por lo tanto, derrotar el mal supone inmediatamente un triunfo material para el bien: un avance en territorio enemigo. La realidad es precisamente la contraria: si te esfuerzas por trabajar en una virtud, en un valor, el vicio contrario empieza a deshacerse, poco a poco.

La experiencia de cualquier hortelano servirá para corregir este error.

Cualquiera que haya tenido un huerto se habrá tenido que pelear con la mala hierba: los hierbajos, la cizaña… esos brotes que empiezan a surgir donde has sembrado, aprovechándose de la buena tierra y del agua. Deshierbar es una actividad enojosa, pesada y necesariamente constante. No basta con arrancar el tallo y las hojas: es necesario arrancar de raíz, porque si no las hierbas vuelven a crecer en seguida, y no dejan espacio para que crezca bien lo que se ha plantado.

Sin embargo, deshierbar no es lo que va a hacer que los tomates sean los mejores del mercado. Es un paso necesario, pero insuficiente. Y no se deshierba por deshierbar: tiene un motivo, un fin y un valor muy concretos.

Cualquier hortelano sabe que es necesario cuidar del agua, de la temperatura y las heladas (dentro de lo posible). También es necesario abonar -y no todo abono vale-. Hay que tener mucho cuidado a la hora de cavar las zanjas, en la distancia que debe haber entre surco y surco, el sol y la sombra; y un largo etcétera de cuidados que la sabiduría ancestral del cultivo ha convertido en un arte.

Algo análogo sucede con el trabajo personal: los vicios no se quitan porque sí, el esfuerzo no debe hacerse únicamente en ese sentido. El espíritu humano requiere un cultivo, una preparación, un crecimiento positivo. No se trata de arrancar vicios, se trata de hacer germinar valores y virtudes.

Por supuesto que es necesario que te quites de encima esa pereza mañanera, esa ironía en el trato o, incluso, esos kilitos de más. Pero no lo haces por mero pasatiempo. Eso no te va a llevar a ninguna parte: hazlo por un motivo superior y une a ese esfuerzo un significado creativo.

Si te vas a empezar a levantar antes, por ejemplo, porque tienes el propósito de arrancar de tu forma de ser el vicio de la pereza, no lo hagas por que sí. Aprovecha para introducir en tu horario matinal una actividad que aporte algo para tu día a día.

No te dediques sólo a arrancar hierbajos, dedícate a cultivar tomates. En positivo.

Y, como siempre, con mucha creatividad.

 

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