El blog de Javier Rubio

Tres consejos contra la cuesta de enero y otras criaturas espantosas

Siempre me ha hecho gracia la expresión “cuesta de enero”. Es la versión post-navideña de la temible y temida “vuelta al cole” (de los alumnos de secundaria y bachillerato, principalmente).

Soy de los afortunados -muchos o pocos, no lo sé- a los que les gusta su trabajo, así que el primer día de trabajo después de Reyes siempre me pilla en ese preciso momento en el que te hartas de no hacer nada (dígase “descansar”) y empiezas a tener ganas de hacer algo por levantar el país.

Para quienes buscáis el vaso medio lleno o para los que desesperáis por un rayito de luz en medio de las tinieblas que se alzan en la segunda semana de enero, os dejo tres consejos.

También valen para cualquier otra criatura maligna que se apresure a surgir a lo largo del calendario.

Consejo de bronce: una agenda puede ser tu amiga.

No te gusta usar agenda. Ya. A mí sí, pero eso no tiene nada que ver.

Para muchas personas el cambio drástico se produce por falta de expectativas. El calendario de diciembre es una escalada de asueto en asueto, de día de fiesta de día de fiesta. Son días fraguados de preparativos: cenas, regalos, viajes, visitas… En nuestros humanos corazones las expectativas se disfrazan de esperanzas. Para muchos, el punto culminante es la noche mágica de los Reyes Magos y después… ¡puff! Se acabó.

Coge una agenda y empieza a programar lo que quieres hacer este año. Esos proyectos y propósitos que te habías hecho el 31 de diciembre o el 1 de enero; ese fiestón que quieres hacer en verano para celebrar tus 30; esa remodelación que quieres hacer en casa; esos libros que te tienes que leer; esas series que tienes que terminar…

Muchas veces nos quedamos a medias porque no empezamos a tiempo. Empieza ya. ¿Por qué no? Este mismo fin de semana.

Coge la agenda. Puede ser una Moleskine o una libreta cualquiera. Escribe todas las cosas que quieres hacer, intenta repartir tu tiempo y marcarte objetivos.

No se trata de obsesionarse con fechas que están a largos meses de distancia. Se trata de que tengas algo que hacer, algo que guste y por lo que merezca la pena esperar la larga jornada laboral para ponerse a ello.

Consejo de plata: encuentra el gustillo de lo cotidiano.

Las personas de hoy en día estamos cada vez más acostumbrados a las sorpresas. Somos drogadictos de las emociones y de las fiestas. Se nos ha enseñado que merece la pena trabajar para poder descansar. De hecho, parece que sólo trabajando -con cierto nivel de remuneración- se pueden conseguir las vacaciones adecuadas.

Lo cierto es que la vida está hilvanada de muchos días ordinarios, repletos de cotidianidad, decorada con pocos hilillos de oro y plata de días extraordinarios.

Si el tapiz está entretejido solamente con hilos de oro y plata, esos hilos dejan de ser tan extraordinarios.

El secreto no está en llenar la vida de estímulos, de fiestas, de cosas especiales. Lo especial, por más obvio que parezca, tiene que ser eso… especial.

El secreto está en encontrar el significado de la vida ordinaria. No estoy hablando del gusto de cierto tipo de temperamentos para lo repetitivo, para los horarios establecidos. Me refiero a aprender a valorar tu trabajo. Aprender a descubrir la grandeza de quienes te rodean: tu familia, tus amigos, tus colegas… Esas personas que ya pasan desapercibidas y que, sin embargo, le dan sentido a tu vida.

Repasa tu día a día, desde que te levantas hasta que te acuestas. Cada día el clima es distinto, las ciudades, los pueblos, el campo… nunca son iguales, cambian y hay una belleza en el cambio. Aun así, son los mismos. Con las personas sucede lo mismo, pero es mucho más entusiasmante.

Consejo de oro: transforma tu vida en arte.

Creatividad.

Somos seres humanos. Tenemos el increíble poder de convertir incluso la tarea más aburrida, más anodina, en una obra de arte maravillosa. El secreto es ese… creatividad.

Dicen que un taxista se sacó una carrera en los ratos en los que esperaba a sus clientes. Conozco un portero que ha sacado tres doctorados en su garita.

Pero no sólo eso: los hobbies, los proyectos… puedes ser barrendero y fotógrafo, ama de casa y pintora, maestro y cantor en un coro. No digo que seas bueno, no tienes que serlo. Basta con que te guste…

A mí me gusta la caligrafía. Reservo ratos cada semana para jugar con mis plumillas. No soy bueno, lo sé. Pero me entretiene y tengo la paciencia necesaria y las ganas de seguir mejorando, de seguir aprendiendo. Quién sabe. Quizá algún día sea bueno.

¿Te gusta el cine? Hazte cinéfilo… investiga, participa en congresos, en cursos…

¿Te gusta el arte, la lectura, el teatro, la ópera? Sácate un curso online.

¿Te gustaría aprender a dibujar, a cocinar, a cantar, a bailar…? Ponte a ello.

Tu trabajo merece mucho la pena. El resto de tu vida también. Y este es un buen momento para que te des cuenta.

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