El blog de Javier Rubio

Las siete claves del éxito de los Reyes Magos (2 de 2)

Continúa el artículo directamente donde lo dejé. Aquí tienes la primera parte…

  1. Confiaron en otras personas (de experiencia muy distinta a la propia).

Herodes no era, seguramente, una persona que inspirara confianza. Los sacerdotes quizá sí. Pero eran sacerdotes. No científicos, ni sabios, ni astrónomos, ni Magos. Es más, la astrología estaba prohibida en la religiosidad judía. Probablemente tanto Herodes como los sacerdotes eran mucho menos inteligentes y mucho menos preparados que los tres Magos.

Pero todo eso no fue óbice para que los Reyes Magos aceptaran sus consejos, asumieran con confianza lo que les decían, y obedecieran.

Obediencia y creatividad no están peleadas. Pueden ser hasta amigas si se juntan con un poco de sentido común: las escrituras indicaban claramente que el objetivo último de los Magos era Belén. En el fondo, ese fue el fruto de su investigación creativa. A partir de ahí, sólo faltaba seguir las indicaciones con docilidad y eficacia. Conocieron el fin, pusieron los medios.

Vivimos en una sociedad que valora mucho a los prohombres. Héroes que no siempre lo fueron. Que empezaron obedeciendo. Los más grandes artistas empezaron su carrera imitando a sus Maestros. Sólo después de muchos años de conjugar genio propio, creatividad y obediencia consiguieron forjar su estilo propio.

Su confianza fue premiada con la reaparición de la estrella.

  1. Fueron humildes en el reconocimiento.

Recapitulemos: unos Magos (digamos que tres), nobles (si no reyes), reciben una señal (una estrella) y por una vaga profecía se ponen en un largo camino a otro reino. De pronto la estrella se pierde. Preguntan, reciben una respuesta. Llegan a Belén.

¿Qué se encontraron?

Un establo. Una familia pobre. Un niño normal y corriente adorado por un grupo de pastores. Dicen que Dios se hizo nada para poder abrirse a todos. Aquel espectáculo es la prueba definitiva. Cristo vino al mundo tan pobre como se fue.

Los Magos se encontraron con ese espectáculo. ¿Dudaron de su proyecto, de la estrella, de la información de los sacerdotes? No. ¿Se contentaron con esta meta, pensando: “bueno, pues mira, esto es: no es gran cosa, pero al menos ya sabemos de qué se trataba todo”? No.

Tuvieron la humildad necesaria para reconocer la grandeza de algo que seguramente no entendían. Reconocieron el valor de sus logros. No sometieron su hallazgo a los límites de su propia lógica humana, ni siquiera a los límites de su propia cultura, ideología o religión. Descubrieron a Dios y lo adoraron.

Dice el texto que lo “reconocieron” y “se llenaron de alegría”. El reconocimiento de la belleza siempre comporta un gozo personal que no te puede dar ningún otro tipo de satisfacción. La belleza con la que se toparon los Magos fue doble: la belleza de Dios hecho niño y la belleza del propio proyecto cumplido.

  1. Fueron alegres en el dar, más que en el recibir.

Los Reyes Magos son famosos gracias a los niños. Son quizá ellos los que mantienen el valor cultural real de lo que -de otro modo- sería sólo una solemnidad litúrgica de una religión concreta.

Pero a los niños les gustan los regalos. Y los Reyes Magos traen regalos. Así de sencillo.

Los Magos llevaron a Jesús oro, incienso y mirra. Regalos de un enorme valor simbólico que Jesús, dada su corta edad, no pudo seguramente reconocer en el momento.

Todo el viaje de los Magos culmina con la entrega de los presentes. La generosidad fue el motor del viaje. La entrega, el servicio. En el fondo, cualquier proyecto tiene valor en cuanto ayuda, aporta un servicio a las personas, al mundo. No hablo de valor económico, sino del valor que da sentido, que motiva (mueve) ese proyecto.

Cualquier proyecto tiene fines propios. Apple quiere vender tecnología. Un proyecto familiar aporta seguridad, estabilidad y economía a sus miembros, y facilita la reproducción de personas humanas. Una sociedad, un país, un equipo… todos los proyectos tienen objetivos materiales, concretos, “de carne y hueso”.

Pero todos ellos, TODOS, también el proyecto vital de una persona, necesita de algo que trascienda esos objetivos materiales y les dé sentido. La ecuación es muy sencilla: las personas estamos hechas para la felicidad, el bien; ese bien mayor que da sentido a los demás bienes lo descubrimos en la entrega a otra persona o a otras personas.

Por lo tanto, la caridad, la generosidad, el servicio a los hombres… el amor debe ser el sentido último de todos nuestros proyectos.

Estas son las siete grandes claves del éxito que los Reyes Magos pueden enseñar a este mundo de hoy.

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