El blog de Javier Rubio

San Francisco Javier hubiera sido del Atleti… o por qué cuando se pierde también se gana.

Dedicado a mi buen amigo, Antonio Fraile, tan colchonero como yo merengue.

Antes de nada: no quiero vanalizar en ningún sentido la vida y la obra de uno de los santos españoles más sobresalientes de la Iglesia Triunfante. Mi admiración por San Francisco Javier es análoga (y superior) a la que siento por el Atlético de Madrid, pero soy merengue hasta la médula. La verdad sea dicha.

Dicho lo cual, hay muchos datos biográficos que parecen indicar que si Francisco de Jaso y Azpilicueta hubiera nacido en la segunda mitad del s. XX habría sido colchonero.

Diga lo que se quiera, el bueno de Francisco nunca compartió el sentimiento familiar por la independencia de Navarra y en cuanto pudo -con 22 años- decidió abrazar la vida eclesial e irse a estudiar a París, la universidad más prestigiosa del momento.

No le resultó nada fácil. Parece ser que tanto por el sustento económico como por la dificultad de los estudios, la vida estudiantil se convirtió para él en una verdadera lucha. Pero así son los del atleti: luchadores, arrostran lo que sea, luchan, se superan, bajan a segunda, se levantan…

En París se hizo amigo de San Ignacio de Loyola, de quien al principió desconfiaba. Seguramente porque al bueno de San Ignacio no le hubiera gustado el fútbol. San Ignacio hubiera sido más de baloncesto o de tenis. Las conversaciones al principio hubieran estado llenas de silencios incómodos. Pero a San Ignacio le interesaba convencer a Francisco para que se hiciera jesuita. “Los jesuitas -seguramente le explicó- pueden ver los partidos de fútbol los fines de semana o el Roland Garrós… de verdad. Aquí hay de todo”.

“Los jesuitas -seguramente le explicó- pueden ver los partidos de fútbol los fines de semana o el Roland Garrós… de verdad. Aquí hay de todo”.

Al principio los jesuitas eran pocos -obviamente-. Pero estaban muy, pero que muy motivados. Querían comerse el mundo. Eso Francisco lo entendía: a los del Atleti la Liga les sabe a poco… su ambición es europea, mundial y cosmopolita.

Tanto es así que, a la primera de cambio, le pidió al presidente del club que le dejara surcar los mares como misionero de Cristo. Al principio, ni caso. Le tocó chupar banquillo, de forma para él incomprensible. Era el momento para que el profe Ortega le preparara a fondo.

El viaje no fue nada fácil: mareos, enfermedades, comida en mal estado… Me resistiré aquí a hacer cualquier comparación con la realidad…

La primera gira pasó por la Anoeta (Ignacio le pidió que dejara unas cartas para su familia), después por el Estádio da Luz de Lisboa. De ahí: Mozambique, Melinde, Socotora y por fin Cantón. Partidos de pretemporada: de esos para lucir a los nuevos fichajes y que jueguen los chavales del Majadahonda.

Pero Francisco no había nacido para pasearse por el campo de fútbol. Cada partido para él lo era todo, se dejaba la piel en el campo. Le tenían que sacar casi en camilla después de los noventa minutos. Como buen hincha del Atleti que hubiera sido, creía en sus ideales y en su club de una forma rayana en la locura. Su intensidad nunca se vio mermada por el mal estado de vestuarios, por bajas en la plantilla o por disparatados porcentajes en la humedad atmosférica.

Como buen hincha del Atleti que hubiera sido, creía en sus ideales y en su club de una forma rayana en la locura.

Su objetivo era China… El Atleti siempre lo ha tenido muy claro: en China está la salvación. San Francisco quería tender puentes.

El problema es que en aquella época a China se llegaba por Japón. Y ¡vaya con los nipones! Menuda guerra. No fue una liga fácil. Llegó a la última jornada a un tris de la muerte.

Llegó a ver China sólo de lejos. Pero eso fue suficiente. San Francisco Javier nos enseñó lo que el Atleti muestra cada año, como un dogma cósmico -más allá de las nociones mundanas de ligas de pacotilla-: cuando se pierde también se puede ganar. Sobre todo cuando la temporada ha sido de ensueño. Cuando tu equipo se ha mantenido unido en la lucha, cuando te ha entusiasmado, cuando te ha llenado el corazón con ganas de más… con ganas de otro año de lucha.

San Francisco Javier, mi santo patrón querido, es el patrono de las misiones. Podría serlo también del Atelti.

En Roma, en Cantón, en Navarra, en Japón… todavía se acuerdan de él después de tantos siglos. Desde el cielo nos protege. A San Francisco Javier se le puede rezar, al Cholo no. No y no. Pero estoy convencido que ser del Atleti es una de esas cosas que te hace especial.

He terminado ya. Un saludo a todos mis amigos del Atleti y felicidades a todos los Javieres por su onomástico.

¡Halá Madrid!

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